de Venezuela para el mundo con parada en Guadalajara

Todo comenzó con una inocente petición de amistad en internet hace cuatro años. «Soy muy aficionada a las redes sociales, y un día Facebook me lo sugirió de amigo. De inmediato le escribí, le dije que lo admiraba mucho y que mi sueño era entrenar con él, y cuál sería mi sorpresa cuando él me respondió y me dijo que estaba siguiendo mi carrera porque le parecía que yo tenía mucho talento» (fuente: runrun.es).

La que habla es Yulimar Andrea Rojas Rodríguez (Caracas, 1995), cuatro veces campeona del mundo de triple salto (dos en pista cubierta y dos al aire libre). De quien habla es de Iván Lázaro Pedroso Soler (La Habana, 1972), uno de los grandes saltadores de longitud de la historia, convertido en entrenador de súper exito desde su retirada.

¿Qué une a dos de los mejores atletas de las últimas décadas? Una ciudad: Guadalajara. Más aún: las pistas de la Fuente de la Niña, donde Iván prepara a Yulimar día a día en su afán por impulsarse unos palmos más. Por ser la primera venezolana que consigue una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos y así emular al boxeador Francisco «Morochito» Brito Rodríguez y al esgrimista Rubén Darío Limardo Gascón.

En todo caso, aunque eso no acabe ocurriendo, la vida de Yulimar seguirá teniendo argumento de sobra para una película. Se crió en un ranchito de Puerto La Cruz, en el estado de Anzoátegui, donde se filtraba el agua cuando llovía. Dotada de un físico privilegiado (mide 1,92; tiene unas piernas tan kilométricas como la Ruta 66), Yulimar quedó impactada con la selección de voleibol de su país, clasificada para los Juegos de Pekín de 2008.

Entonces tenía casi 13 años y un sueño, «pero cuando fui al polideportivo no había entrenadores de voleibol, y fueron los de atletismo los que me vieron, y de inmediato se fijaron en mí», contaba en la misma entrevista al portal runrun.es. Empezó con el salto de altura, hizo 100 metros vallas y luego longitud hasta que, finalmente, descubrió que en lo que más destacaba era en triple salto.

Loading...

En 2015 ganó el campeonato Sudamericano y ya alcanzó los 14 metros. Aquel también fue el año en el que le envió la petición de amistad en Facebook a Pedroso. El cubano le animó a que se fuera con él a Guadalajara; ella aterrizó en noviembre. La conexión debió de ser buenísima porque en solo unos meses Yulimar ganó el oro en el Mundial de pista cubierta de Portland y la plata en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, solo superada por Caterine Ibargüen Mena, su gran rival.

Por cierto, la historia de Ibargüen, aunque de otra generación (tiene 35 años), es parecida: nacida en la vecina Colombia, departamento de Antioquia, empezó en el voleibol y pasó por la altura y la longitud hasta desembocar en el triple.

Imbatible

Desde hace dos años Yulimar salta más que Caterine. Y más que nadie, claro. En 2017 se impuso en el Mundial al aire libre de Londres, en 2018 en el de pista cubierta de Birmingham y hace una semana repitió título al aire libre en Doha.

Este año ha saltado 15.41 en Andújar, quedándose a nueve centímetros del récord del mundo de la ucraniana Inessa Kravets fechado en 1995. «La estructura corporal de Yulimar fue creada por Dios para ser triplista», dice Kravets, quien no duda de que la venezolana le arrebatará la mejor marca.

Yulimar trabaja incansable para lograrlo. Eso sí, «necesito música para entrenarme», declaró a El País poco antes de viajar a Doha. Y mientras baila salsa y reguetón, y defiende los derechos del coletivo LGTB, la venezolana suda en las pistas de la Fuente de la Niña para alcanzar sus tres grandes «metas»: el oro en los próximos Juegos de Tokio, llegar a 16 metros y superar los nueve títulos mundiales de Pedroso, el entrenador al que pidió amistad en Facebook.

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!