De Tarragona a Barcelona

Cuando me disponía a escribir este artículo, para razonar el apoyo a los comunes de Ada Colau por parte del PSC y de Units per Avançar (UpA) en el Ayuntamiento de Barcelona, me llega la noticia del acuerdo entre ERC y En Comú Podem para desalojar a Fèlix Ballesteros de la alcaldía de Tarragona, aun siendo la candidatura socialista la más votada.

En ausencia de una mayoría absoluta o de un acuerdo que permita a la formación más votada sumar en el pleno un número de votos superior a cualquier otra alternativa, nuestro sistema electoral no consagra ni atribuye valor alguno a la candidatura más votada, más allá del simbolismo que ello conlleva. Esta es la razón por la cual el sábado vamos a asistir, incluso con sorpresas del último minuto, a todo tipo de combinaciones entre formaciones políticas distintas y, en algunos casos, muy distantes.

Colau -o alguien de su candidatura- puede alcanzar la alcaldía de Barcelona aun no habiendo sido la candidatura con más apoyos en las urnas. Para muestra, Tarragona, entre muchas otras localidades. En consecuencia, las razones para los acuerdos poselectorales son de estricta naturaleza política.

En el caso que nos ocupa y a la vista de los resultados electorales, desde UpA decidimos que nuestro edil Albert Batlle apoyara un acuerdo con los comunes, en base a un argumento netamente político que, como tal, es perfectamente opinable: no creemos que sea positivo para la economía, para la proyección internacional o para la cohesión social de Barcelona poner la ciudad al servicio de la causa independentista.

Ello es así por muchas razones. La primera es que no creemos que sea positivo para Barcelona trasladar a su Consistorio la parálisis que apreciamos en el Govern de la Generalitat, hoy por hoy en manos de una mayoría independentista tan legítima y legal como políticamente criticable. Y, por otra parte, pensamos que un alcalde y un gobierno municipal de signo independentista no van a contribuir a encauzar políticamente el escollo en el que nos encontramos después de años del denominado procés.

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Aun reconociéndonos distintos y distantes de lo que pueda representar Colau, hemos tomado una decisión inaudita, con el firme compromiso de convertirnos en un elemento moderador de las políticas que, a nuestro juicio, requiere la ciudad y que van desde la seguridad hasta el apoyo a la economía productiva, pasando, obviamente, por la atención desde la proximidad a los ciudadanos.

Ramon Espadaler

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