De paseo por Londres y por el alma

Eva Blanch (Barcelona, 1968), diseñadora gráfica y artista plástica, se dio a conocer en el mundo literario hace cuatro años con la novela « Corazón amarillo sangre azul», una narración en clave apenas velada que tenía como protagonista a la editora Emma Thomson. No había que ser un lince para caer en la cuenta de que se trataba de Esther Tusquets, una mujer manirrota, imprevisible, manipuladora, de magnética personalidad, excéntrica, deslumbrante, brillante… que, enferma, es recluida en casa del hermano. Blanch, cuñada de Esther Tusquets, narra los últimos días de la editora, y por su casa desfilan una serie de personajes como Blai Pons (Oriol Maspons), la poetisa (Marta Pessarrodona), el poeta (Pere Gimferrer) y Ada (Ana María Moix) en una especie de juego privado, realizado para unos cuantos que, por otra parte, ya estaban duchos en la chismografía al uso desde hacía mucho tiempo. La novela, sin embargo, cuando lograba prescindir de esas ataduras de grupo escogido, tenía aciertos recalcables, como los distintos monólogos que, al final, realizan la madre de Emma, su hija y Ada.

Descubrimientos

Recientemente Eva Blanch ha publicado su segunda novela, « Ahora que te vas», una curiosa historia de indagación en el alma, no se puede llamar de otra manera, a través de los recuerdos de Andrea cuando su amiga de siempre, Ruth, que abandona la vida estable que lleva en Barcelona, la llama para que la atienda en Londres, donde vive, pues desde que eran pequeñas Ruth siempre se refugió en la protección que le daba Andrea. Va a buscarla a Gatwick –ahí arranca la novela–, la lleva a su casa y la desnuda para que duerma en su apartamento. La descripción de ese momento es esencial para el desarrollo posterior de la narración, amén de ser una de las más logradas de las muchas que contiene el libro: «La blancura de tu piel arranca ante mis ojos. Y no puedo evitarlo, se me lleva. Tu ombligo y la minúscula cicatriz también, este bebé gusano que no crece no decrece, me transportan a Aigua Blava. A tu pequeña cama de adolescente con la colcha amarilla, a septiembre, a todo aquello que hace años terminó». Estas líneas determinan el curso de la obra, que es una indagación que Andrea (fijémonos en que Andrea significa «hombre» en griego) lleva a cabo en Ruth, en el modo de descubrir su alma, mediante el uso de la menstruación como símbolo transgresor y, a la vez, causante de extrañezas, dolores, y de cierto apartarse del mundo. La novela abunda en instantes divertidos en ese tira y afloja de los recuerdos que en Londres se traen Andrea y Ruth.

Así, por ejemplo, la escena del profesor regañando a sus alumnas de ballet por un asunto con las compresas, elemento que es recurrente a través de situaciones varias. Marcas de ropa de lujo, bares de moda, tempranos viajes a Moscú, andanzas graciosas con sus compañeros de universidad… Andrea y Ruth construyen en esas horas pasadas en Londres dos almas que se quieren una. La nostalgia de la autora por la señora Clarissa Dalloway, el personaje de Virginia Woolf, resulta evidente. Una bella narración.

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