Darle una oportunidad a la razón

La realidad es terca, y termina revelando las limitaciones de los proyectos políticos que se sostienen en proclamas maximalistas y que explotan para imponerse los resortes emocionales. Donald Trump se afanó durante cuatro años en machacar a los estadounidenses con la promesa de volver a hacer grande a América. Era tan enorme su meta que entendió que conquistarla justificaba saltarse las reglas de juego, destrozar sin el menor escrúpulo el equilibrio de poderes, servirse de una larga e interminable colección de mentiras, apelar al enfrentamiento y la división. El Brexit está mostrando que no era aquella panacea que iba a devolver a los británicos el antiguo esplendor del imperio y tampoco el procés ha cumplido en Cataluña sus ambiciosas promesas.

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