‘Dark’, misterio sin nostalgia | Televisión

En el verano de 1986, Europa entera se estremeció. La catástrofe nuclear de Chernóbil hizo mirar al cielo con desconfianza y reflexionar sobre la energía nuclear. “Recuerdo que aquel verano fue muy intenso”, dice la productora y guionista alemana Jantje Friese. Su madre no le dejaba salir a jugar a la calle si llovía, por si era lluvia ácida, y no podía comprar caramelos “porque eran radiactivos”. Baran bo Odar, su pareja creativa y personal, también creció en esa época de la paranoia nuclear. “Mi padre, de hecho, trabajaba en una central”, cuenta el director, productor y guionista. Juntos, recordando su infancia y adolescencia, crearon Dark, la primera serie de Netflix producida en Alemania, que se sitúa “en una pequeña ciudad alemana sin especificar” a la que dan sombra las torres de una central nuclear. Sus 10 capítulos ya están disponibles en la plataforma online.

“Dark va sobre un pueblo en el que los niños desaparecen en misteriosas circunstancias”, explica Friese. “Y se centra en cuatro familias que viven allí: abuelos, padres e hijos adolescentes. Todos están relacionados de alguna forma con las desapariciones. Y la historia funciona como un gran puzle, cada episodio es una pieza del puzle, da nuevas pistas, hasta que descubres que todo tiene que ver con una especie de fenómeno que juega con tiempo y espacio”.

Cuando se conoció esta sinopsis y se vieron las primeras imágenes, las comparaciones no tardaron en llegar. ¿Stranger Things? ¿The OA? La historia principal no se sitúa en los ochenta, pero sí tiene relación con esa década, en concreto, con el año 1986. Algunos de los protagonistas son un grupo de jóvenes que están paseando por el bosque cuando el más pequeño desaparece. Mientras le están buscando, aparece el cuerpo de un niño, pero es otro. ¿Quién es? ¿Y qué es ese mundo que aparece ya en el primer capítulo en el que niños son torturados con luces brillantes, música e imágenes estridentes? “Creo que en cuanto a que ambas son series de misterio, es justo decir que hay algunas conexiones”, admite Friese, aunque no ve ninguna concreta, más allá del género al que se adscriben. E incluso celebran las comparaciones. “Si a la gente que ve Stranger Things, le sugieren ver Dark en la plataforma, me parece bien”, dice. “Entonces seremos un éxito”, añade Baran bo Odar. Algo que les vendría bien porque tienen trama y preguntas y respuestas para más temporadas.

Quieren diferenciarse también defendiendo una mayor oscuridad en su argumento y estética que la que tienen las series mencionadas. Quizá es “la rabia alemana”, dicen. O que sus influencias no están tanto en Los Goonies, sino en el cine político americano de los setenta (“Todos los hombres del presidente, Taxi Driver”) y en las películas de terror coreanas. “Diría que esa es mi mayor influencia por cómo son capaces de mezclar géneros, terror y comedia, como en The Host. Bong Joon Ho [su director] es un genio”, dice Bo Odar, a quien Netflix contactó después del éxito de su película Who Am I.

También citan a David Lynch y Twin Peaks como inspiración. ¿Y para el aspecto visual de ese mundo? Por un lado, lo crearon ellos mismos. “Yo siempre quise ser pintor y pienso en imágenes, en colores, dibujo cómics”, dice él. Y por otro, se fijaron en el trabajo del fotógrafo Gregory Crewdson, imágenes aparentemente convencionales con un elemento extraño. “Como una escena de una familia cenando y una mujer desnuda en la puerta”, se ríe el director. Mientras que en el mundo misterioso de colores brillantes admiten “un homenaje a Old Boy, de Park Chan-wook”.

No citan referentes alemanes, pero insisten en que la serie es “muy alemana”. “La rodamos y creamos en alemán, los actores son alemanes”, defiende Friese. “Y no solo los americanos hacen cosas de calidad”, sentencia.

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