Daesh nombra un nuevo líder para sustituir a Al Bagdadi

Abú Ibrahim al Hashimi al Qurashi es el nombre del nuevo califa del grupo yihadista Estado Islámico (EI). La agencia Amaq, medio habitual empleado por la organización terrorista, difundió un mensaje de audio de ocho minutos a través de Telegram en el que admitió la muerte de Abu Baker Al Bagdadi en una operación de las fuerzas especiales de Estados Unidos y anunció el nombre de su sucesor. El EI aprovechó la grabación para confirmar también la muerte del ex portavoz y mano derecha del califa, Abu Hasan Al Muhayir, alcanzado apenas 24 horas después que Al Bagdadi en Yarabulus, al norte de Siria. El nuevo portavoz se presentó como Abú Hamza al Qurashi y, como el nuevo emir, es descendiente del profeta porque ambos pertenecen a la tribu de los coraichitas o quraish, a la que perteneció Mahoma. El relevo de Al Bagdadi recurre a un sobrenombre que, de momento, impide conocer su verdadera identidad. Antes de saber el nombre del nuevo líder, diarios como The Washington Post informaron sobre los posibles candidatos y en la terna del diario estadounidense se encontraban el saudí Abu Saleh al-Jazrawi, el tunecino Abu Othman al-Tunisi y un iraquí, Al-Haj Abdullah Qardash, turcomeno de la ciudad iraquí de Tal Afar. Este último era el principal candidato a dirigir la organización. Según el mensaje de voz del EI, con este relevo se cumple la voluntad expresada por Al Bagdadi y el nuevo «califa» cuenta con el respaldo del Consejo de la Shura (consejo). El portavoz del grupo se dirigió también directamente a Estados Unidos para decir que «¿No se da cuenta de que EI está ahora en el frente de Europa y África Occidental? Se extiende desde Oriente hasta Occidente» y le recomendó no alegrarse por la muerte de la cúpula de la organización. Recompensa de 25 millones El mensaje del EI llegó el mismo día en el que el Pentágono mostró las primeras imágenes de la operación en la que las fuerzas especiales mataron a Al Bagdadi en Barisha, a solo 5 kilómetros de la frontera turca. El general del Cuerpo de Marines Kenneth McKenzie, jefe del Comando Central de Estados Unidos, fue menos expresivo que Donald Trump y sobre los últimos momentos del califa aseguró que «se metió en un agujero con dos niños pequeños y se inmoló mientras su gente permanecía en la superficie». McKenzie alertó de la posibilidad de que el grupo intente «algún tipo de respuesta» ante la pérdida de su máximo dirigente. La caza del «terrorista más buscado» fue posible gracias a las pistas que los servicios de inteligencia recibieron de un informante que ahora podría percibir la totalidad o una parte de la recompensa de 25 millones de dólares que ofrecía Estados Unidos, según The Washington Post. El diario aseguró que esta persona estaba bien situada en las filas del EI y fue quien entregó datos sobre los desplazamientos en Siria de su líder. El informante fue apresado por los kurdos, que lo entregaron de forma inmediata a los estadounidenses cuando comprobaron su credibilidad. El que fue apodado como «califa invisible» logró esconderse en sus últimos meses de vida gracias al pago de suculentas cantidades a grupos islamistas sirios como Hurras Al Din, organización radical aliada de Al Qaida y enemiga del EI. The New York Times tuvo acceso a algunos de los recibos del EI en los que figuran cantidades de hasta 67.000 dólares (60.000 euros) a cambio de protección. Aunque el EI pagaba a Al Qaida por su seguridad, fuentes estadounidenses aseguraron a este diario que el «califa» fue traicionado finalmente por una persona «muy, muy, muy cercana», que sería la misma que robó su ropa interior.

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