Curso del río Narcea | EL PAÍS

Al detenerse en Cangas del Narcea, el primero de los cinco concejos que atraviesa el río, resulta preceptivo comenzar a hablar de la importancia que se concede a lo que se come y se bebe en esta zona de la cuenca fluvial. Un dato: Cangas tiene una concentración de celíacos tres veces superior a la media nacional y, en respuesta, han surgido numerosas iniciativas y servicios para ellos como el portal Celicidad, habiéndose convertido en lo que denominan como “un paraíso sin gluten

Otro: Asturias es una comunidad sin demasiada tradición vitivinícola. Cangas del Narcea es la excepción. En el siglo XI se fundó el monasterio de San Juan, los monjes trajeron la vid y, según cuenta Beatriz Pérez, fundadora de la bodega VidAS y hasta hace poco presidenta de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Vinos de Cangas, los caldos salidos de esa uva obtuvieron incluso medallas y premios en Burdeos (Francia) durante el siglo XIX. Luego llegó la minería y se abandonó esta tradición que empieza a vivir sin embargo un nuevo esplendor, gracias a ejemplos como el suyo.

Pérez y su marido son doctores, uno en química y otro en física. Trabajaban en investigación científica y residían en Inglaterra y, después, en Madrid. Pero cuando llegó la hora de formar una familia desearon volver a los orígenes, a su pueblo. Contrataron a su marido para organizar actividades de divulgación científica en la zona, y se percató de que sólo ligando las charlas al vino atrapaba al público local; tras ello, se encargó de dotar de contenido el museo vinícola de la villa: la “viticultura heroica” de viñedos de montaña iba a tener su espacio expositivo.

El siguiente paso, casi lógico, fue abrir su propia bodega, aportar su conocimiento y experiencias foráneas a su entorno. Comenzaron en 2012, un año después de la concesión de la DOP a los vinos de Cangas, con 8.000 botellas. Ahora están en torno a las 20.000 anuales y tienen viñedo propio, uno que llevaba 80 años abandonado, al que han devuelto la vida. “Nuestro ejemplo ha cundido, gente a la que solíamos comprar uva ahora ha montado bodegas propias. Es una uva muy especial y, aunque sea un trabajo arduo, es el momento de crecer: el vino de Cangas empieza a ser reconocido en España y fuera y el problema ahora es que, aunque aumente la demanda, no hay más uva”, narra Pérez, dejando entrever el orgullo que supone y por dónde pasan las posibilidades de futuro.

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