Currentzis y el Mozart ofensivo

Alberto González Lapuente

Teodor Currentzis ha explicado que la trilogía operística de Mozart sobre textos de Lorenzo da Ponte («Le nozze di Figaro», «Don Giovanni» y «Così fan tutte») es una especie de tatuaje de su grupo musicAeterna. En 2015 concluyeron su grabación discográfica, colocada, de inmediato, en cabecera de un catálogo que crece negándose a reconocer las dificultades del mercado, desde Purcell a Shostakovich, o de Rameau a Mahler.

El éxito de las propuestas musicales apadrinadas por Currentzis es, en este momento, incuestionable, y refleja el trabajo de fondo y la valentía de un intérprete cuyas mejores armas son la calidad, la novedad y la singularidad. Aún así, las opiniones se multiplican, divididas entre la crítica furibunda y la admiración incondicional. Hablando de Mozart, el propio director resume el fenómeno con una sencilla observación: «Cuando la sociedad envejece, trata de hacer un viejo Mozart, un Mozart inofensivo». Y él representa la posibilidad de un futuro activo, fresco, comprometido y dispuesto a defender el valor de la inquietud y el inconformismo. Lo acaba de demostrar en el Festival de Lucerna 2019, donde ha dirigido cuatro conciertos dedicados al compositor de Salzburgo, incluyendo las tres óperas sobre Da Ponte.

Las consideraciones ante cada una de las obras son muy distintas: coral y elocuente «Le nozze di Figaro», dramáticamente visceral «Don Giovanni», y musicalmente preciosista «Così fan tutte». Todas se han presentado en Lucerna en versión de concierto, con juego de luces, apuntes de vestuario de traza contemporánea y evolución escénica, incluyendo a veces la participación del propio Currentzis, tan capaz de abandonar el podio para colocarse delante de los solistas y dirigirlos cara a cara como de gesticular con ellos. En un espectáculo ensayado al detalle, las entradas, los saludos, las interacciones instrumentales, se suman a la atmósfera, ya sea la oscuridad completa antes de ejecutar la obertura de «Don Giovanni», con risas nerviosas del público durante los minutos de espera, la penumbra azulada en el último acto de «Le nozze», o la claridad lumínica ante «Così».

Currentzis maneja «Le nozze di Figaro» con voces de emisión corta pero cuya vocalidad se convierte en una extensión de la propia orquesta. El sentido instrumental de la versión es evidente. La voz de la condesa, aquí sustanciada en una muy notable interpretación de Ekaterina Scherbachenko, suena como prolongación de la exquisita y muy emocionante posición que adquiere la cuerda tanto en la cavatina «Porgi amor» como en el aria «Dove sono». A partir de ahí, la sucesión de aciertos instrumentales es prodigiosa tanto en los momentos de sonoridad más aérea como en aquellos otros en los que el acento se hace incisivo y cortante. Jugando entre límites dinámicos extremos la línea de canto que se prodiga en inflexiones y guiños, incluyendo onomatopeyas, pausas, requiebros prosódicos… Parte esencial de la narración musical son los recitativos que se entrelazan con las arias sin solución de continuidad, extendiendo las cadencias y prologando el comienzo del número inmediato. Con una expansiva interpretación del cuarto acto se alcanzó el punto culminante de una versión que creció poco a poco mientras la música y su cambiante coloración añadía un plus definitivo al enredo.

De la política al amor

«La revolución en la política», que marca «Le nozze di Figaro», se convierte en «revolución en la esfera del amor» en «Così fan tutte», explica Currentzis, quien considera que esta obra es la más difícil de interpretar. La posición fue aquí completamente contraria, con voces de personalidad muy definida. En la base del reparto, el arte histriónico de Cecilia Bartoli en el papel de Despina, capaz de promover el aplauso inmediato y la hilaridad, aunque cantando con suficiencia. Bartoli y musicAeterna venían de ofrecer un recital que completó los cuatro días seguidos de trabajo en Lucerna. Visto en la totalidad, el ciclo ha sido un«tour de force»que ha puesto al público puesto en pie en una larguísima y formidable ovación solo interrumpida por la salida de los intérpretes.

Loading...

Ascendiendo en la escala del reparto de «Così» y en una posición muy sólida, aunque más condescendiente con el criterio general, están el Guglielmo y Ferrando de Konstantin Suchkov y Mingjie Lei. Definitivamente en la cumbre de la obra la Dorabella de Paula Murrihy y, sobre todo, la Fiordiligli de Nadezhda Pavlova. Ambas de una versatilidad extraordinaria: encogido hasta el escalofrío e impecablemente afinado se interpretó el terceto «Soave il vento»; con mucho encanto el dúo de Guglielmo y Dorabella, «Il core vi dono»; resolutivo y grandioso el «finale». Definitivamente, Currentzis y todo el auditorio se rindió ante Pavlova y su muy impresionante alarde belcantista, en la estratosfera de cualquier otra interpretación al uso. Voz de acero en el aria «Come scoglio», inaudibles pianísimos, reguladores, recursos de técnica depuradísima en el rondó «Per pietà, ben mio, perdona», un momento de angustia para las trompas en el límite de sus posibilidades.

La notable personalidad de los intérpretes jugó en contra de la construcción global pero muy a favor de una propuesta que, tras un comienzo perezoso, acabó por convertirse en un muy sólido juego de identidades. Pavlova ha sido la gran revelación de estas interpretaciones. El día anterior había interpretado el papel de Donna Anna cantando casi al alimón con Currentzis el rondó «Non mi dir», inclinado desde el podio, muy cerca de ella, gesticulando en sincronía. La peligrosa atmósfera de «Don Giovanni» era evidente, aunque puestos a revelar la personalidad de Currentzis quizá sea mejor fijarse en el enamoradizo Cherubino, personaje que –no fue por casualidad– salió el primer día al escenario vestido exactamente igual que el director, con su largo camisón negro, su pantalones estilo «leggins» y las famosas botas de cordón rojo.

También Currentzis ha analizado con detalle «Don Giovanni», poniendo de manifiesto las dificultades de una obra musicalmente bipolar. En su día, el amor propio y la obsesión por la perfección le llevó a repetir la grabación completa de la obra antes de su edición discográfica. Y, desde entonces, el título se ha convertido en la «ópera favorita» de musicAeterna. A un lado, la solemne frialdad, que Currentzis asocia a la tradición musical religiosa salzburguesa, y del otro la italianeidad apasionada y encendida. Convendrá recordar cómo se ha producido todo ello en Lucerna. Porque será muy difícil escuchar un primer acto tan compacto, tan coherente y tan armado, rematado en un «finale» tan rotundo.

Currentzis se crece ante la poderosa carga teatral de la obra, es decir antepone la construcción dramática a la posibilidad del lucimiento vocal de los solistas. Lo hace desde el texto, y en luego desde la música, de manera que si el primer día en «Le nozze» Figaro añadía un plus de infrecuente agresividad a su aria «Se buol ballare», poniendo en evidencia la carga de cinismo que subyace en este fragmento tantas veces cantado de manera inocente; Don Giovanni llevaba ahora su canzonetta «Deh vieni all finestra» a una posición de verdadero desconsuelo. Para Dimitris Tiliakos es fácil hacerlo porque es un fiel y antiguo colaborador de Currentzis. Aquí fue un protagonista capaz de manejarse entre la disparidad aunque sin especial carga emotiva. Kyle Ketelsen un Leporello grave. Kenneth Tarver, recuperado del reparto de la grabación, un Don Ottavio con propósito de elegancia… Federica Lombardi, Ruben Drole, Christina Gansch… y el veterano y algo cansado Robert Lloyd, intérpretes rendidos ante la personalidad inquebrantable y definitiva de Teodor Currentzis. Solo, bajo su responsabilidad, es posible entender la grandiosa construcción de este «Don Giovanni» y la excelencia de una trilogía sostenida gracias a la muy envidiable calidad de los instrumentistas y cantantes de musicAeterna. En definitiva, la muy particular y contagiosa actualidad de este Mozart.

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!