Cultura metropolitana

Las personas tienen un sentido de la realidad que no siempre percibe la política. Es algo curioso, que está relacionado con tecnicismos jurídicos, con dinámicas administrativas y, sobre todo, con un sentido de la prudencia que, aun siendo necesario, aleja a los ciudadanos de los políticos.

Uno de los mejores ejemplos para entender estas paradojas de la administración de la cosa pública es el área metropolitana de Barcelona. No hace falta subirse a un helicóptero para percibir que Barcelona y un amplio conjunto de ciudades que la rodean constituyen una metrópolis integrada en la que conviven algo más de tres millones de ciudadanos.

Algo tan evidente no se ha desarrollado con normalidad porque la pugna histórica entre una Barcelona metropolitana con capacidad para ejercer una bicapitalidad real de España y una Barcelona, más asilvestrada, como capital de la Cataluña-nación acabó a mediados de los 80 con el sueño de un gobierno metropolitano.

Fue un debate protagonizado por Pasqual Maragall y Jordi Pujol y todavía hoy resuenan los tambores de una batalla política que tuvo graves consecuencias para la evolución de Barcelona. A pesar de todo, la Barcelona metropolitana existe y muchos servicios se gestionan mancomunadamente. La evolución de la sociedad y, sobre todo, el protagonismo creciente de las grandes metrópolis mundiales ha abierto de nuevo este debate poniendo encima de la mesa la necesidad de repensar la manera de gobernar la Gran Barcelona.

Hace unos meses se creó la Agencia Metropolitana de Promoción Económica, con el objetivo de coordinar políticas y programas de atracción de talento, captación de capitales y gestión de marcas empresariales; y cada vez son más las voces que plantean extender este debate a otros ámbitos de interés público como la cultura. Aunque las problemáticas económicas y la gestión de servicios como la movilidad, el transporte público, los residuos o el medio ambiente sean una obviedad, a nadie debe escapársele que en última instancia el área es una comunidad de personas que construye un mismo relato social y esta es una prerrogativa que solo nos ofrece un espacio cultural compartido entre todos. Sin duda, el área metropolitana es la auténtica dimensión cultural de Barcelona.

Jaume Collboni

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