Cultura del acuerdo

Negociar es verbo de moda, aunque no el que más se practica. Negociar es uno de los términos más usados en la política y es, en definitiva, una necesidad de la que se habla mucho y se practica poco. Y tal y como están las cosas hoy, es un verbo que habrá que conjugar mucho en esta legislatura si no queremos que sea un tiempo perdido. Lo que pasa es que para negociar de forma efectiva se necesita un clima adecuado, que no lo hay, y un cierto sigilo incluso fuera de los focos. Vamos, aquello de estar encerrados en una habitación hasta que haya acuerdo. No seré yo quién no reclame luz y taquígrafos, pero entiendo que una negociación exige reserva y con el acuerdo dar todos los detalles, porque si se está todo el día en el candelero la negociación puede encallar y no fructificar. A la política y a la vida pública le falta mucho sentido común, mucha espontaneidad y le sobran estrategas y pelotas. El día que seamos capaces de dar a las cosas importantes que afectan a los ciudadanos y colectivos un toque de normalidad, sin leer una trastienda siempre, las cosas irán mucho mejor. Se trata de conseguir los mejores resultados para la sociedad y no de aparecer como el ganador de no se que enfrentamiento. Si hay que implantar las 35 horas, asunto muy popular entre los funcionarios y no tanto en el resto de la sociedad laboral, hagámoslo con cabeza, con eficiencia y sin pedir imposibles, seguro que se llega al acuerdo. Si hay que eliminar la Fundación Villalar, expongamos las razones y dejemos claro quién se hace cargo del 23 de abril, seguro que habrá acuerdo. Si hay que abordar la imprescindible reorganización sanitaria, hablemos con todas las partes, conjugar recursos con pacientes y resultados, seguro que se puede alcanzar un acuerdo. La política no es permanente discrepancia. Es el esfuerzo por alcanzar la cultura del acuerdo que hoy tanto se necesita.

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