Cuenca, maravilla colonial andina

Cuenca se asienta a 2.538 metros de altura, en un valle interandino de la Sierra Sur ecuatoriana. En este paraje confluyeron cañaris, incas y españoles. Cada uno de ellos fue imponiéndose al otro y todos dejaron su propio legado. Ese sincretismo entre las culturas nativas y la arquitectura colonial española hizo que la Unesco declarase patrimonio mundial al casco histórico de la ciudad. Un entorno mestizo en el que cohabitan lugares ancestrales y contemporáneos. La presencia de los cañaris, el almohadillado inca, las iglesias, el ladrillo, el habla cantarina de su gente, las cholas, los ríos que la rodean y atraviesan y su afrancesamiento de principios del siglo XX son algunas de las señas de identidad de Cuenca. Pero es durante la celebración de fiestas como la Semana Santa, el Corpus y el Inti Raymi —la fiesta del sol y la cosecha del solsticio de junio— cuando la ciudad manifiesta sus vínculos con la cultura, la gastronomía y la fe.

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