«Cuando pierdes amigos, parejas… te das cuenta de que tu carrera va bien»

Contemplar su interpretación de Zulema Zahir -en la serie «Vis a Vis», donde tiene como mascota un escalofriante escorpión- y saber que su nombre y apellido significan en árabe «éxtasis» y «tigre», intimida un poco a la hora de entrevistar a Najwa Nimri (47 años). Al cruzar el pasado martes el umbral de la habitación 404 del hotel Hospes, con vistas a la Puerta de Alcalá, la actriz apareció con un body y pantalones negros y unas botas militares del mismo color, que durante la sesión de fotos comenta que está dando de sí para volver a ponerse en la piel de Zahir en «El Oasis», el spin-off de «Vis a Vis», que comenzará a rodar en unos días con Maggie Civantos, quien interpreta a Macarena Ferreiro.

Su atuendo casa con su último proyecto: Nimri ha dado voz a la comandante de la CIA Kate Laswell, una de las figuras principales del videojuego «Call of Duty: Modern Warfare», que llegará a España el 25 de octubre. «Me apasiona todo lo que tiene que ver con meterse en la cápsula y desconectar del mundo real. Soy muy ciber. Vengo de hacer discos de electrónica encerrada en casa y de interpretar personajes que toman decisiones en situaciones extremas, este videojuego es el mismo diálogo», dice al terminar de posar el fotógrafo de ABC.

Da respeto pronunciar su nombre…

Por si las moscas, ¿no? Se pronuncia «Nayua». Después de 25 años, ahora me permito la licencia de no corregir, porque me doy pereza a mí misma.

¿Juega mucho a los videojuegos?

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Le he dado, pero ya no tanto. Como estoy metida en esta rueda de hámster maravillosa de hacer televisión para Netflix, no tengo tiempo. Si no estuviera viviendo esta era globalizada de la televisión, sí podría estar enganchada.

Aunque gracias a «Quién te cantará» -la película de Carlos Vermut por la que estuvo nominada este año a un Goya-, «Vis a Vis» y «La casa de papel» se ha dado a conocer entre el público millennial, esta pamplonesa de ascendencia jordana llegó al cine hace 24 años con «Salto al vacío», dirigida por su exmarido Daniel Calparsoro. Desde entonces, Amenábar, Julio Medem e Icíar Bollaín han contado con ella para sus películas, al tiempo que Nimri se hacía un hueco en el mundo de la música, primero con Carlos Jean y, más tarde, en solitario.

Tras dar a luz a su hijo, paró durante seis años para criarlo y en 2014 volvió para reclamar su trono. Desde entonces no ha dejado de trabajar, aunque reconoce que no se le hizo duro alejarse de las cámaras: «Estaba componiendo uno de los álbumes que más me gustan, estaba enamorada… Los últimos diez años han sido una de las etapas más guays que he tenido».

Acaba de recibir la Espiga de Oro de Honor en la Seminci 2019 por su trayectoria artística y, aunque en su vida solo ha pensado en trabajar, le ha hecho ilusión. «Cuesta mucho esfuerzo mantener una carrera en la interpretación y en la música. En los últimos cinco años no he parado de trabajar las 24 horas del día. De hecho, te das cuenta que va bien tu carrera cuando empiezas a perder amigos, parejas… cuanto mejor va tu vida laboral, peor va la personal», explica con una mirada que recuerda a cuando vestía el mono amarillo carcelario de «Vis a Vis».

¿Le ha comido Zulema Zahir alguna parcela a Najwa Nimri?

Supongo que sí. Pero con 19 años, en «Salto al vacío», ya tenía algo. Llegué al cine pidiendo unas pistolas, una cabeza rapada… Quería meterme en tinglados donde siempre jugaban los chicos. Nunca había hecho televisión, y estar cuatro años intepretando a Zulema me ha permitido crecer con el personaje. Es lo mejor que me podía pasar. Cuando me ponía la peluca y el mono amarillo en el set, decían que Zulema se apoderaba de mí. Me cambiaba hasta el tono de voz.

Sus personajes tienen un halo de misterio que parece que también lo tiene usted. ¿Cómo es Najwa Nimri?

Muy normal. Nunca me parece todo bien del todo y nunca me doy de más. Nunca estoy del todo en ningún lado. No me aburro del entorno o de la gente, pero sí de mí. Entonces, para no aburrirme de mí, no aburro a los demás y la gente no termina de acceder a mí.

Desde que llegó a Netlfix, sus fans son otros. «Los que me paran por la calle son niños. En Instagram todos tienen 20 y 30 años menos que yo. Estoy convencida de que tengo algo que aprender de ellos. No soy de las que piensa que las nuevas generaciones son gilipollas y nosotros superlistos».

El momento del antihéroe

Entre sus seguidores está su hijo de 15 años, quien lleva muy bien su éxito. «Llevo haciendo antihéroes toda la vida y ahora lo petan. En el cine éramos unos perdedores. Hace 20 años, me habría dicho: ‘‘Joder, mamá. Estás acabada’’».

En la vida real, con Maggie Civantos, le ha pasado lo mismo que a Zulema Zahir con Macarena Ferreiro. «Me cae increíble. Pero no salgo con ella porque, básicamente, a beber me tumba. En la vida real tiene mil veces más aguante que yo». Cuando le pregunto si tiene algún insecto en casa, le da la risa: «Un escorpión, ¿te imaginas? Me iba a inventar uno para parecer misteriosa, me encantaría mentirte ahora mismo: una tarántula». Prejuicios a un lado, el «puto elfo del infierno» de Cruz del Norte, es más cachonda y menos intimidante de lo que pensaba.

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