Cuando el virus nos encerró en casa, las pantallas nos dejaron sin casa

Termino el 2020, el año que anuncia que ha llegado la era de las pandemias, con extraños síntomas. La idea de hacer otro directo, otra reunión por Jitsi, Zoom o Google, o incluso por WhatsApp, me da náuseas. Escribir, como lo hago ahora, mientras las noticias y los mensajes surgen en una esquina de la pantalla, me marea y agota. Los amigos me piden happy hours de Año Nuevo. Me encantaría. Pero no puedo. Sabemos que la exposición excesiva a las pantallas cansa y puede causar trastornos e incluso enfermedades. Sin embargo, la experiencia actual va mucho más allá. El teletrabajo, los directos y las reuniones virtuales han cambiado el concepto de casa. O quizás han provocado algo aún más radical, al desahuciarnos no solo de casa, sino también de la posibilidad de hacer de nuestra casa una casa.

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