Cristiano concede una tregua a su rival favorito

Cuando el sorteo de la Champions deparó a la Juventus como rival en la fase de grupos, muchos rojiblancos vieron escrito en la papeleta el nombre de Cristiano. Es inevitable cuando hablamos de una de las bestias negras de la historia del club. La sensación general, por tanto, era de revancha, mucho más tras la exhibición en la edición pasada de la competición, cuando con un triplete acabó con el sueño de disputar la final en el Metropolitano. Lograr el empate cuando el partido parecía perdido fue el premio de consolación.

En los aledaños del Metropolitano, antes del inicio, un «doble del portugués» acaparó las cámaras de televisión de tal manera que daban ganas de acercarse a decirles a los allí presentes que en realidad no se trataba de la estrella de la Juventus. Las camisetas blanquinegras, en su mayoría, también portaban su nombre. No cabe duda de que en apenas un año Cristiano se ha metido en el bolsillo a su nueva afición.

No hizo falta que el balón echara a rodar para percatarse de lo que supone que Cristiano pise el césped de este estadio. Nada más sonar su nombre por megafonía, los decibelios se dispararon. Demasiados partidos defendiendo al eterno rival han hecho mella. En cuanto a lo que ocurrió en los noventa minutos, Cristiano no cuajó su mejor partido y en la mayoría de ocasiones se supo de su participación por el sonido ambiente que le acompañó sin cesar. Como hace unos meses, una parte de la afición le volvió a dedicar unos desagradables cánticos que nada tienen que ver con el fútbol. Una minoría que no consiguió empañar el fabuloso ambiente vivido en las gradas.

«Es un animal del gol», había dicho Simeone en la previa. Sin embargo, esta vez no pudo ver puerta contra su rival favorito -le ha ganado en 31 ocasiones y le ha metido 16 goles, el segundo equipo al que más-. En la primera parte, Cristiano apenas dejó dos disparos fáciles a las manos de Oblak. En la segunda, pese a sus intentos por liderar el ataque de los suyos, tampoco tuvo fortuna.

Joao Félix, su compatriota y para muchos su heredero, tampoco cuajó una gran actuación. Pese a que los flashes les apuntaban, no fue la mejor noche para los sietes.

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