¿Crisis? ¿Qué crisis?

Cuesta decirlo, como cuando algo se te atraganta y te impide coger aire. En el arte ya no sabemos en qué crisis estamos. Parece económica cuando de pronto es política, pero también administrativa y, a la vez, de personal. O de medios. O anímica. O cultural. Museos y centros de arte viven desde hace años intentando sobreponerse a una situación de acoso y derribo, centrándose casi exclusivamente en la búsqueda de alternativas. Con una salud enclenque, estiran lo que tienen como pueden, hasta el mínimo vital. No se han recuperado de un golpe cuando llega otro sin aviso y el tercero asoma tras la puerta. Un efecto bola de nieve que tiene a la comunidad artística al borde del colapso.

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