Cresol, descanso en una almazara del siglo XVIII en Calaceite

Hay muchas Toscanas, pero ninguna como la comarca aragonesa del Matarraña, cabría apostillar. Y ya, en este plan, hay muchas Matarrañas, pero ninguna como la de Calaceite, con su Ayuntamiento renacentista, su iglesia barroca, sus plazas, sus soportales y su almazara de 1735 rehabilitada hace dos décadas como hotel con encanto. El Cresol es el emprendimiento vital de José Vicente Enguidanos, que no pudo soslayar la tradición aceitera de la villa (no por casualidad lleva ese topónimo) ni los objetos decorativos de todos los tiempos. En la casa halló un antiguo candil de aceite (cresol), con el que dio nombre a su hotel. Tampoco renunció a decorarlo con muebles de diseño contemporáneo y algunas esculturas. Aunque es en la bodega donde surgió el hechizo del propietario con esa gran muela de piedra que hoy acoge a su alrededor el pequeño bar y la zona de catas, cuidada con exquisito celo.

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Cresol 

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