Corea del Norte prohíbe el tabaco en público… pero Kim Jong-un es fumador empedernido | Blog Mundo Global

¿Quiere hacer un buen regalo a un norcoreano? Probablemente acierte, si el destinatario es un varón, con un licor añejo o un cartón de tabaco. Aproximadamente la mitad de la población masculina mayor de 15 años del país, según cálculos de la OMS en 2018, son fumadores habituales. Entre ellos, su líder supremo, Kim Jong-un, al que es fácil ver en las fotos oficiales con un cigarrillo entre los dedos.

Este año de pandemia de covid, en el que es más desaconsejable que nunca el desarrollar enfermedades respiratorias o complicaciones derivadas del tabaquismo, Corea del Norte ha emprendido una campaña para tratar de disuadir a la población de que abandone el pernicioso hábito. Ya a lo largo de los últimos meses sus medios oficiales habían incluido comentarios o artículos sobre los peligros de los cigarrillos, advertencias que recupera de cuando en cuando. El propio Querido Líder, Kim Jong-il padre del mandatario actual, había declarado en su día que «los tres mayores bobos del siglo XXI son los que no pueden usar un ordenador, no pueden cantar y no pueden dejar de fumar».

Este domingo, la agencia de noticias norcoreana KCNA citada por la página especializada NKNews publicaba que «el nuevo coronavirus normalmente invade (el cuerpo humano) a través de las vías respiratorias y los pulmones», y aseguraba que «doctores y expertos en todo el mundo imploran a los fumadores que dejen el tabaco, pues padecen mayor riesgo de contagiarse con el virus maligno».

Ahora, según ha publicado KCNA, el país ha dado un paso más allá y ha vetado el fumar en algunos sitios públicos. No se podrá hacer, por ejemplo, en museos ni cines; tampoco en hospitales ni otras instalaciones sanitarias, en el transporte público o en centros «políticos e ideológicos». La prohibición, agrega la agencia, quiere proporcionar «un ambiente higiénico», y quienes se la salten serán penalizados.

La nueva ley, de 31 provisiones y aprobada en el pleno del Presidio de la Asamblea Popular Suprema el Parlamento norcoreano, también prevé estrechar los controles de producción y venta, para «proteger las vidas y la salud del pueblo».

La gran duda ahora es si Kim Jong-un acatará la ley como un ciudadano más para dar ejemplo o si, como para otras muchas cosas, está por encima de la ley.

Kim se ha demostrado un fumador empedernido, pese a que su exceso de peso hace su costumbre aún más peligrosa. Corea del Norte ya cuenta con una ley sobre tabaco desde 2005, emprende campañas periódicas para concienciar de los peligros del cigarrillo, y además el joven líder cuenta con una historia familiar de enfermedades relacionadas con ese hábito.

Es frecuente que en las fotografías oficiales de los actos a los que asiste se le pueda ver con un cigarrillo en la mano, incluso si lo que visita es un hospital infantil o un colegio. Al principio, su marca preferida era la exclusiva 7.27, así denominada para marcar el día del armisticio que puso fin a la guerra de Corea (1950-1953) y que puede costar unos 300 wons por paquete. Es el equivalente a unos tres dólares (2,5 euros) y también tres veces más que una cajetilla ordinaria.

Eso era antes. Ahora, los analistas que estudian sus imágenes han podido determinar que ha cambiado de preferencias, y estos días se inclina por cigarrillos Konsol o Sonamu.

De camino a la cumbre de Hanói con el presidente de EE UU, Donald Trump, en febrero del año pasado, se pudo ver a Kim hacer una pausa en el trayecto para estirar las piernas y dar unas caladas. Su hermana Kim Yo-jong, su mano derecha, portaba un cenicero en el que disciplinadamente recogió la colilla del líder, un gesto que entonces se interpretó como una medida para no dejar rastros de ADN que pudiera utilizar algún servicio secreto extranjero. Este verano, se repetía una escena similar en una visita a una granja de pollos norcoreana: después de que el Mariscal como le apela la población tirara los restos de su cigarrillo al suelo, su hermana se agachó a recogerlos.

Es improbable que alguien, fuera del círculo familiar quizá solo su esposa, Ri Sol-ju, se atreva a recomendarle que deje el hábito. En su momento, el periódico japonés Asahi Shimbun relató una situación embarazosa durante la visita de una delegación surcoreana a Pyongyang en 2018 para preparar la primera reunión entre Kim y el presidente del Sur, Moon Jae-in. Los altos funcionarios del Norte se quedaron helados de horror cuando el jefe de la comitiva del país vecino, el director de los servicios de espionaje surcoreanos Chung Eui-yong, osó comentar al líder que debería dejar el tabaco para cuidar su salud. Durante unos segundos, nadie se atrevió a decir nada. Hasta que Ri, sonriendo, encauzó la situación al asegurar: «Siempre le pido que lo deje, pero no me hace caso».

Precisamente, una de las escasas situaciones en las que se ha visto a Kim contener las ganas de un cigarrillo fue en aquella reunión de abril de 2018 con Moon en la frontera entre los dos países. Las normas culturales coreanas prohíben que un joven empiece a fumar delante de alguien mayor. El presidente surcoreano le saca tres décadas, y el líder norcoreano, por mucho que pudieran apetecerle unas caladas durante las horas de reuniones, quiso mostrarle respeto.

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