Contra el indulto al matonismo sindical

Bien sabe, querido lector, que usted no puede insultar por la calle a su vecino, ni coaccionarle, ni acosarle, ni forzarle a hacer algo que no quiera. También es consciente de que no puede alterar ni dañar el mobiliario público, ni parar el tráfico por su cuenta y riesgo. Este es el escenario general que, como supondrá, tiene excepciones. Una de ellas es si usted se enrola en un piquete informativo durante una huelga. Podrá dar rienda suelta a sus más bajos instintos, convertirse en un matón con patente para atropellar las leyes porque le ampara una malinterpretada ley sindical. Es más, podrá pisotear, si ese es su gusto, la libertad de trabajar de cualquier otro ciudadano. Porque desatar sus visceras es más importante que respetar el derecho de su semejante a fichar.

Si llegara el caso —remoto— y sus tropelías excedieran incluso las laxas restricciones al piquetismo sindical, no se preocupe. Puede que incluso lo lleven a juicio porque haya un fiscal y un juez en primera instancia se empeñen en aplicar esa cosa estúpida que es el Código Penal, y no descarte que lo sentencien. Pero no se apure, porque sus colegas de sindicato saldrán en su defensa, y tienen contactos. No se lo va a creer, pero serán capaces hasta de convencer a la «derechita cobarde» del PP para que les vote a favor de un indulto en el Parlamento de Galicia, y junto con la izquierda —que siempre ampara el becerrismo huelguista porque de ahí se pescan votos— dar una imagen de unidad en defensa de los pobres sindicalistas oprimidos. Luego ya vendrá un Gobierno como el de Pedro Sánchez, que lo mismo indulta sindicalistas violentos condenados por sentencia firme que independentistas sediciosos y sus cuitas serán menos. Y cuando venga la próxima huelga, pues puede volver a agarrar la estaca y el megáfono e «informar» en modo piquete.

Ironías aparte, me invade una profunda indignación ante un indulto que legitima una f0rma de ejercer el sindicalismo que vulnera las libertades de los ciudadanos. Me indigna que un partido como el PP se declare «liberal» pero luego se alfombre para respaldar actitudes intolerantes. Me enfada que indultar políticos sea una vergüenza para la izquierda y sus terminales mediáticas pero que en nombre del derecho a la huelga todo esté permitido, y si no lo está, puede blanquearse. Y sí, Carlos y Serafín tendrán familias y hogares que habrían de quedar en una situación comprometida si entraban en prisión, pero como la de otros tantos delincuentes menores sobre los que cae una sentencia firme tras un juicio con plenas garantías. Si no querían condena, que se hubieran abstenido de comportarse como vándalos.

Todo esto, querido lector, es una reflexión políticamente incorrecta, de esas que no se deben decir, ni siquiera pensar, porque exigir el cumplimiento de la ley (art. 315.3 del Código Penal) es un rigorismo vetusto en estos tiempos líquidos. El matonismo sindical no debe tener premio ni indulto. Dicho queda.

José Luis JiménezJefe de secciónJosé Luis Jiménez

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