Consejos prácticos para entrenar la flexibilidad mental | Blog Laboratorio de felicidad

¿Eres de los que revisaba y cambiaba las respuestas de un examen tipo test antes de entregarlo? ¿O preferías no tocar nada por si te equivocabas? Diversos estudios demuestran que, cuando hacemos un repaso en estos exámenes, el 75% de las veces es un acierto: se cambia una respuesta incorrecta por otra correcta. A pesar de estas cifras, en torno a dos terceras partes de los estudiantes prefieren no hacer ningún cambio. Son de la opinión de que mejor quedarse como se está o de que la primera respuesta es la que importa. Los psicólogos sociales han analizado este fenómeno y lo han bautizado como pereza cognitiva, es decir, no me apetece cuestionarme las cosas.

La pereza cognitiva habita en nuestra mente más allá de la época como estudiante. Nos aferramos a nuestras ideas de hace años y no somos flexibles para cambiarlas. Pensamos que el mundo es de una determinada manera, al igual que las personas. No hace falta más que repasar las veces que hemos cuestionado nuestras creencias políticas, religiosas o las valoraciones hacia determinados colectivos. Aunque nuestra forma de pensar puede que sea más o menos rígida, no podemos negar que nuestro entorno es turbulento y necesitamos adaptarnos a gran velocidad. Para mejorar nuestra capacidad de adaptación necesitamos empezar a cuestionarnos a nosotros mismos. Debemos repensar lo que creemos, como propone el psicólogo estadounidense Adam Grant en su último libro, Think again (Ebury Publishing, todavía en inglés).

En momentos como los actuales, la habilidad mental más importante no depende solo de la destreza para resolver problemas, ni siquiera de aprender cosas nuevas, sino de la capacidad para repensar y para desaprender. De hecho, se ha comprobado que las personas con un alto coeficiente intelectual pueden ser las más reacias a cuestionarse, precisamente, por su capacidad de identificar rápidamente patrones que les hacen caer en estereotipos. Es más, parece que cuanto más inteligente es una persona, más atención debe poner en revisar las propias creencias.

Grant propone diversas maneras para entrenar la flexibilidad mental: una de ellas está relacionada con el aprendizaje. Convertirnos en esponjas que absorban conocimientos y experiencias. Para tener una mentalidad abierta, durante el proceso de aprendizaje es importante poner el foco en aquello en lo que estamos equivocados y no en lo cierto. Al fin y al cabo, el propósito del aprendizaje no consiste en reafirmar nuestras creencias, sino en evolucionar en lo que creemos.

Una segunda herramienta fundamental para la flexibilidad mental es la confianza. De hecho, y como podemos comprobar quienes trabajamos en procesos de cambio en las empresas, se tiene más éxito cuando se ofrece una visión clara del futuro, diferente, pero que ofrece una cierta continuidad de la identidad de la compañía. Esa visión ayuda a generar confianza. A título individual, la confianza debe centrarse en desarrollar herramientas para el futuro mientas se cuestiona, con humildad, las que se tiene en la actualidad.

Igual que no dudamos en cambiar de ordenador cuando se queda obsoleto, o en actualizar nuestro sistema operativo con el paso de los días, algo similar deberíamos hacer con nuestra manera de pensar y de ver el mundo. Como resume Grant en su libro, tendríamos que pasar de la comodidad de la convicción a la incomodidad de la duda. Un buen consejo para entrenar nuestra flexibilidad mental.

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