Cómo unos frijoles cambiaron la vida a una niña de las montañas | Planeta Futuro

El camino educativo de Lalita Rokaya, en el remoto valle de Sinja (Nepal), ha sido interrumpido muchas veces, obligándola a menudo a abandonar la escuela para ayudar a su familia en las labores agrícolas. Nunca ha sido fácil para la familia de esta niña llegar a fin de mes, y la educación de los hijos es un lujo que no siempre han podido permitirse.

Hoy, gracias a la iniciativa de etiquetado especial de Productos de la Alianza para las Montañas (MPP, por sus siglas en inglés) de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Lalita tiene la oportunidad de continuar sus estudios y su familia tiene lo que necesita para comer y para recibir tratamiento médico.

Aislados y marginados, los agricultores de las zonas montañosas son algunos de los principales custodios de los ecosistemas más importantes y vulnerables de la tierra, aunque a menudo tengan dificultades para sobrevivir y alimentar a sus familias. Más de la mitad de la población mundial depende de las montañas para obtener agua, alimentos y energía limpia. Hoy día, estos moradores se ven amenazados por el cambio climático, la degradación de la tierra, la sobreexplotación y los desastres naturales, que dejan enormes secuelas.

Más de un tercio de los 1.000 millones de personas que viven en las zonas montañosas se encuentra en los países en desarrollo y ni siquiera tiene acceso seguro a los alimentos. La competencia por estos y por otros recursos cada vez más escasos crea tensiones económicas y sociales que pueden provocar conflictos o desencadenar migraciones incontroladas.

El cultivo principal de las tierras de la familia de Lalita son los frijoles mixtos jumla: una mezcla tradicional de judías negras, rojas, amarillas y manchadas. Altamente nutritivos y con un excelente sabor, los jumla también desempeñan un papel importante en las fiestas religiosas locales. Sin embargo, la comunidad siempre ha tenido dificultades para comercializarlos.

Vivir en las altas montañas suele significar, para los pequeños productores, un acceso muy limitado a los mercados, al crédito y a la información. Además, la larga cadena de intermediarios hace que a veces los productores primarios no obtengan una compensación justa por sus productos. Lalita también recuerda que su padre, a menudo, no conseguía vender todos sus frijoles.

Hace cuatro años, los frijoles jumla recibieron la etiqueta Productos de la Alianza para las Montañas y su precio subió más del 20%. Así que las ventas aumentaron y, por consiguiente, la producción también creció hasta un 40%. Además, aumentó el número de mujeres productoras, lo que garantiza el equilibrio de género en el proceso de producción. Esta etiqueta especial fue lanzada en 2016 por la Alianza para las Montañas de la FAO con el objetivo de mejorar los ingresos de los agricultores de montañas en las regiones remotas. Entre los productos que obtuvieron la etiqueta se encuentran el arroz rosado y morado cultivado por los agricultores del Himalaya en la India y la miel de abeja sin aguijón de los Andes bolivianos, así como diversas legumbres, té y café.

La etiqueta Productos de la Alianza para las Montañas fue diseñada en colaboración con Slow Food, la organización con sede en Italia que promueve alimentos que son buenos para quienes los consumen, para quienes los cultivan y para el planeta. Esta etiqueta narrativa cuenta la historia del producto desde su origen y cultivo, los métodos de elaboración y conservación, su valor nutritivo y el papel que desempeña en las culturas locales. Solo una historia escrita por los propios productores de montaña puede crear un lazo afectivo con los consumidores.

Los consumidores se han convertido en actores políticos: lo que ponen en sus cestas de la compra suele reflejar no solo sus gustos y estilos de vida, sino también las causas en las que se identifican. La expansión de los mercados de agricultores, el creciente interés en los productos orgánicos y sostenibles y el crecimiento del movimiento slow food demuestran que la gente no solo se preocupa por la calidad de los alimentos que ponen en sus platos, sino que también es consciente de que puede utilizar sus compras para ayudar a las comunidades vulnerables y al medio ambiente. A menudo están dispuestos a pagar un precio más alto por esos productos, pero quieren saber qué están comprando exactamente y adónde va su dinero, de ahí la etiqueta MPP.

La Alianza para las Montañas ha comenzado recientemente una colaboración con EcorNaturaSì, el principal grupo italiano en la producción, distribución y venta de productos orgánicos y biodinámicos, con treinta años de experiencia en el país. EcorNaturaSì abastece a unas mil tiendas especializadas en toda Italia y promueve prácticas agrícolas que respetan el medio ambiente y, en particular, cuidan el suelo.

Todo esto, garantizando precios justos a los agricultores, creando condiciones de relaciones justas y respetuosas entre todos los actores a lo largo de la cadena de valor, desde los proveedores hasta los consumidores. EcorNaturaSì está ayudando a la FAO a identificar productos de calidad en las regiones montañosas más remotas del mundo. También está capacitando a los pequeños agricultores en la transición a la agricultura orgánica y mejorando sus habilidades de comercialización. En julio, esta capacitación se está realizando en línea y se centra en cómo hacer frente a las secuelas de la covid-19 en los mercados locales. Este acuerdo ha sido anunciado en la ciudad de Nueva York por Yuka Makino, coordinadora de la Alianza para las Montañas, durante una sesión del Foro Político de Alto Nivel 2020 sobre el desarrollo sostenible.

La Iniciativa MPP fue premiada recientemente por el Programa Mundial de Mejores Prácticas de la Expo Dubai 2020 como una de las 25 mejores iniciativas mundiales de promoción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Además de Lalita y de su familia, la iniciativa MPP ha ayudado, hasta la fecha, a unos 10.000 pequeños empresarios de montaña en ocho países. Más de 6.000 de estos agricultores son mujeres que se han hecho cargo de la gestión de las tierras agrícolas.

Contar la historia de los frijoles mixtos de jumla a través de la etiqueta narrativa de la Alianza para las Montañas cambió la vida de Lalita. Comprometida ahora con la agricultura sostenible, esta nepalí de 25 años está movilizando a los jóvenes de su comunidad de montaña en la producción y comercialización de productos locales de calidad. Y ahora que el futuro parece más brillante, otras mujeres de su comunidad también están optando por trabajar en el sector agrícola.

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