¿Cómo está cambiando el fútbol la nueva norma para sacar de puerta?

No hay más mirar a los organigramas de los grandes clubes para entender en lo que se está convirtiendo el fútbol, cada día más ciencia y menos juego. Mientras las oficinas se llenan de analistas pendientes de estrujar hasta la última gota las posibilidades que brindan la pizarra, las metodologías de entrenamiento más vanguardistas y hasta las aplicaciones informáticas, el balón sigue rodando, pendiente de descubrir nuevos caminos pero tranquilo porque la meta siempre seguirá siendo la misma. La nueva norma del saque de puerta, que permite a los jugadores de campo recibir el balón dentro del área, es sólo una nueva pauta a partir de la cual ponerse a trabajar. Ya lo aventuró Juanma Lillo: «Las reglas del juego son el mejor libro de táctica jamás escrito, en él está todo lo que se puede hacer».

Con la campaña ya más que entrada en calor, los ejemplos que prueban el trabajo de los cuerpos técnicos en torno a la novedad son variopintos. Desde la pícara ejecución del Benfica en pretemporada, con un jugador devolviendo inmediatamente el balón con la cabeza al guardameta para que éste sacase rápido con la mano y batiese la primera línea de presión, hasta la desconcertante imagen de Lenglet ejecutando el saque en el partido disputado en el Camp Nou ante el Betis para que fuese Ter Stegen, que goza de un golpeo quirúrgico con el pie, quien dispusiese de la pelota en juego para responder las preguntas que les planteaba el atosigamiento de los de Rubí. La esencia de este último truco, por mentar otra triquiñuela reciente, es la misma que nutrió la decisión de Paco Jémez de poner a sacar de banda a un tipo como Trashorras: que una vez puesto el juego en marcha fuese él, su jugador con mejor golpeo, quien recibiese liberado la devolución del mismo.

Más riesgos que beneficios

«El área es una zona de mucho riesgo donde se junta mucha gente, lo vimos con el Madrid el día del Villarreal. Lo que te supone iniciar desde tan cerca de la portería me parece que es más un riesgo que no viene a cuento respecto al beneficio que te puede dar», desgrana Luis Milla, antiguo responsable de la selección española sub 21, Lugo o Zaragoza. «Si el equipo contrario está listo te puede crear un problema, está claro», se suma Abel Resino, que fue portero del Atlético de Madrid durante casi una década y que también estuvo en el Vicente Calderón como técnico, además de en Valladolid, Celta o Granada. Resino considera que la norma «permite que haya más presión» y, además, se atreve a aventurar el por qué de su inclusión: «Antes tenías que esperar a que el balón saliera del área y, ante presión, te metías, lo tocabas y se anulaba la jugada, lo cual era injusto. Es beneficiar a un infractor».

El cambio, parece obvio, está llamado a influir en el juego de los equipos de manera desigual. Las estadísticas lo refrendan: mientras que Moyá, Ter Stegen o Asenjo figuran entre los porteros que más han sacado dentro de los límites de su área en lo que va de Liga, Dimitrovic, Pacheco o Rubén Martínez ni siquiera prueban suerte. Son cosas del fútbol, matices que enriquecen su práctica y que la definen, como dice un aforismo del que suele tirar Guardiola y que puede leerse en «Mi receta del 4-4-2», el libro publicado por el seleccionador español, Robert Moreno, «Dime cómo atacas y te diré como defiendes».

«Es justo, ya que da a los equipos más libertad para elegir cómo quieren iniciar jugada. Tener la limitación de recibir fuera era una penalización injusta para los equipos que construyen desde atrás. Ahora pueden manejar más opciones e incluso aprovechar que los rivales están metidos en su propia área para poder romper esa primera línea de presión y obtener ventaja», expone Gaby Ruiz, miembro del equipo de Víctor Orta que está al frente de la dirección deportiva del Leeds United inglés.

Fuera de la élite

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Fuera del primerísimo nivel, donde Manchester City o Barcelona pueden hacer que eludir una presión avanzada parezca cosa de ponerse a ello, la norma mantiene su impacto. Lo explica Adrián Cervera, entrenador de la UD San Pedro, de Preferente: «En nuestra categoría vemos más envíos en largo que anteriormente. Antes los equipos no presionaban tanto, y como ahora todos intentan meter esos jugadores ahí, los rivales van a apretar. Al ser el campo más pequeño, el césped artificial y que hay menos calidad, todo esto se traduce en que haya más saques largos».

Frente a las ventajas que puede suponer para quienes presionan, Milla propone «atraer» futbolistas que acudan en busca del robo y «buscar jugadores en segunda línea». «Aunque siempre necesitas jugadores que manejen muy bien el balón», puntualiza. Cervera coincide: «La clave está en buscar envíos intermedios, con movimientos de arrastre. Como no hay fuera de juego en el saque de puerta, hay que alargar lo máximo posible al rival y ganar balones en zonas intermedias. Evidentemente, el portero tiene que tener buen golpeo». Es, por ejemplo, la solución a la que se encomendó el Barcelona en su visita al Coliseum Alfonso Pérez. Tras encadenar varias pérdidas en salida, Valverde hizo que Junior se desentendiera de la línea de cuatro defensas y lo mandó bien arriba, lejos de la presión alta del Getafe. Ter Stegen, que golpea en largo como quien baja a comprar el pan, encontró una vez tras otra al lateral, libre de marca y dispuesto para aprovechar el espacio libre. El Inter de Milán, en su visita al Camp Nou, dio durante el primer tiempo una exhibición de cómo superar bloques altos jugando desde su propio área, con elaboraciones que por momentos rallaron con lo temerario.

Resino, que ha visto de todo en la portería, se congratula por lo que considera un avance. «Cuando yo jugaba nos dejaban rodar el balón, volver a cogerlo… El fútbol ahora se encamina a que todo se agilice», concluye.

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