Cómo el mundo ha hecho suyo ‘Esto es América’, el tema que pone la banda sonora a las protestas en EE UU | ICON

En primavera de 1968, tras el asesinato en Memphis de Martin Luther King, Estados Unidos ardió al ritmo de James Brown y su himno revolucionario Say It Loud (I’m Black and I’m Proud). Casi un cuarto de siglo después, en abril de 1992, el gangsta rap por entonces incipiente de  N.W.A. o Tupac Shakur fue la banda sonora de los disturbios de Los Ángeles, motivados por la incomprensible absolución de los policías que apalearon al taxista negro Rodney King. Ahora mismo, en esta recta final de la primavera pandémica de 2020, un mashup de This Is America, de Childish Gambino, se ha convertido en la canción emblema de las protestas, altercados y disturbios provocados por la muerte de George Floyd.

“Esto es América”. Ningún estribillo puede resultar más contundente o más oportuno. Escuchada ahora, la canción del músico, actor, guionista y humorista californiano Donald Glover, también conocido como Childish Gambino, parece exhortar a la juventud de Estados Unidos a echar un vistazo a su alrededor y constatar la descomunal magnitud del desastre, de la pesadilla distópica y grotesca en que están inmersos. Brutalidad policial, disturbios raciales a una escala inédita en los últimos 50 años, trincheras en los barrios, gases lacrimógenos, un presidente que se refugia en una cámara acorazada subterránea mientras sigue avivando la llama de la discordia con sus incendiarios tuits, una mujer blanca en silla de ruedas cargando cuchillo en ristre contra una multitud de manifestantes negros.

El tema se editó en 2018 y ha tenido una amplia repercusión y conocido mutaciones múltiples en el par de años transcurridos desde entonces. En un artículo en Rolling Stone, el comentarista político y experto en cultura afroamericana Tre’ Johnson describía la canción como “un macabro viaje a las entrañas de un país en que el entretenimiento ha sustituido a la dignidad y a la justicia”. Johnson hacía también referencia al vídeo oficial de This Is America, dirigido por Hiro Murai, una pieza audiovisual “beligerante y provocadora” marcada por la representación de dos actos de violencia gratuita: Glover ajusticiando de un tiro en la nuca a un guitarrista negro y fulminando después con una ráfaga de ametralladora al coro de góspel de una iglesia. El comentarista veía en ello un rechazo frontal “al pacto faustiano” que permite a los negros de Estados Unidos conservar la vida e incluso integrarse en el sistema si a cambio renuncian a su libertad y a su dignidad, “claudicando ante la violencia racista”. La letra, sencilla en apariencia, pero rica en implicaciones y sobreentendidos, redunda en ese mensaje de concordia imposible entre las dos Américas, la blanca y la negra, la oficial y la subterránea, la que se adora y la que se desprecia, la que persigue y la que se esconde, la que claudica y la que se esfuerza por mantenerse fiel a sí misma.

En cuestión de meses, este clásico contemporáneo empezó a mutar de manera inesperada, demostrando que, hoy más que nunca, los artefactos pop dejan de pertenecer a sus autores en cuanto una audiencia ávida de estímulos se apropia de ellos. Así, basta con asomarse a YouTube para constatar que existen un muy elocuente This Is South Africa firmado por Jovislash, un This Is Sierra Leone a cargo de Xzu B, un This Is República Dominicana con firma de DaBolyy, el lúgubre This Is Iraq de I-NZ, el desgarrado This Is Nigeria de Falz e incluso el más bien bufonesco This Is Italia, de Gianlish Gambino en el que se denuncian desafueros como que el tren regional con destino a Nápoles llega con 89 minutos de retraso. Una larga ristra de versiones y variantes, entre el homenaje y la parodia, que demuestran el enorme arrastre de This Is America como himno global del descontento y el desarraigo. El propio Glover dejó escrito en una entrevista con sus fans que lo que pretendía era “escribir una canción patriótica para los que desprecian el patriotismo, algo que pudiese sonar en las celebraciones del 4 de julio de la gente inconformista y con conciencia crítica”.

Sin embargo, pocos podían esperar que el himno rebelde de Gambino, la canción protesta más contundente de la última década con permiso de Alright, de Kendrick Lamar, echase nuevas raíces muchos meses después, cuando parecía que se estaba agotando su potencial subversivo. El pasado 23 de abril, el DJ y productor Carneyval editó en redes un mashup que fusionaba el tema de Gambino con la canción de Post Malone Congratulations. Tal y como explica el periodista musical Morgan Sung, “los coros hipnóticos de Malone se yuxtaponen a la feroz contundencia del estribillo de Gambino dando pie a un remix deslumbrante y contagioso”. Sobre ese par de minutos de música mestiza se han realizado en los últimos días, desde el asesinato de George Floyd el pasado 25 de mayo, cerca de 200.000 vídeos de TikTok que acumulan muchos millones de visionados en las principales redes sociales. La mayoría de ellos incluyen imágenes caseras (o rescatadas de la televisión) de los disturbios que se están produciendo en ciudades como Minneapolis, Detroit, Los Ángeles o Washington DC.

Carneyval editó su mashup teniendo muy presente el caso de Ahmaud Arbery, afroamericano de 25 años asesinado hace unos meses por una patrulla vecinal mientras hacía ejercicio al aire libre en el estado de Georgia. Poco podía esperar el DJ que otro crimen racial le diese al tema varias semanas más de siniestra vigencia. Convertido en fenómeno viral por las redes sociales que el propio Glover considera “el moderno opio del pueblo”, esta última reencarnación de This Is America permanecerá ya para siempre asociada al caso Floyd y a ese aluvión de imágenes de unos Estados Unidos en llamas. El hashtag #ThisIsAmerica, vinculado o no a la canción, se ha convertido en símbolo de la denuncia de los actos de brutalidad policial contra la comunidad afroamericana, con epicentro en cuentas de Twitter como Robert de Niro Parody (@RobertdeNiroUS), cuyos autores han aparcado estos días el humor y adoptado el lema “Estamos aquí para contar la verdad”.

Hacía unos días, asomaban también por las redes interpretaciones más voluntaristas del mensaje de la canción, como una, viral no hace mucho, pero retirada ya ante las protestas mayoritarias de las internautas, que defendía que Estados Unidos es también el país de la libertad de expresión, el de los cambios sociales progresistas, el lugar en el que un niño negro puede ser criado por padres gays y recibir una beca de estudios en una escuela multirracial de élite. Este tipo de lecturas bienintencionadas pero ingenuas no parece tener cabida en la semana de la ira que ha desatado la muerte de Floyd. Himno también de Antifa, el informal colectivo de activistas al que Donald Trump acaba de calificar de “organización terrorista”, la canción de Glover sirve de banda sonora a la protesta de los que, según el filósofo y activista Cornel West, han pedido ya toda ingenuidad y toda esperanza.

En una también muy viral intervención televisiva en la CNN, West expresaba su desazón al constatar no solo la indiferencia de los testigos neutrales de abusos equiparables “a los linchamientos de hace un siglo”, sino también el fracaso de la vía reformista defendida en su día por el movimiento de los derechos civiles. Según West, de nada ha servido elegir a un presidente negro y situar “black faces in high places”, es decir, personas negras en cargos de la máxima responsabilidad en el gobierno, la judicatura o las fuerzas del orden: “No han conseguido que nada cambie”, decía West en un estremecedor rapto de ira bíblica, “y eso nos hace plantearnos hasta qué punto el racismo sigue siendo endémico y si es posible o no que en este país se produzca de una vez una revolución cívica y pacífica”.

En este contexto, de la mano de artistas como Donald Glover, el hip hop y el pop negro de vanguardia son los que se están encargando de escribir la gran novela americana contemporánea, la crónica social relevante de lo que está ocurriendo en los Estados Unidos de este primer tercio del siglo XXI. Para bien o para mal, esto es América

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