Comida, bebida y productos ingeribles

Desnaturalizar lo obvio ofrece muy buenas recompensas, nos permite ejercitar el placer de las sorpresas insospechadas. Con los ojos nuevos de un observador que acaba de arribar a este planeta, nos parecería sorprendente que determinados productos de una sola de las miles de culturas que existen en el mundo se encuentren disponibles en todos los rincones del planeta. Es posible hallar, por ejemplo, una lata o una botella de coca-cola en casi cualquier lugar habitado por la humanidad. La omnipresencia de este objeto nos revela la historia reciente del mundo y nos permite explicar mucho del funcionamiento actual de la economía, la política y las relaciones sociales en los que nos encontramos inmersos. Por contraste, una bebida desarrollada dentro de la cultura mixe o zapoteca con el objetivo básico de saciar la sed de una manera agradable es imposible de hallar, por ejemplo, en China o incluso en la Ciudad de México. La libre circulación de objetos y elementos desarrollados por múltiples culturas es en realidad una ilusión. La interconexión global tan celebrada por el capitalismo no ha hecho posible que toda la humanidad abreve de la inagotable fuente de la diversidad, sino que más bien ha logrado colocar intensivamente unos cuantos productos en todo el planeta convirtiendo a cada vez más personas en sus consumidores reales o, al menos, potenciales. Me pregunto sobre los sabores y las características de las miles y miles de bebidas para saciar la sed desarrolladas dentro de múltiples tradiciones culturales y gastronómicas distintas que mi paladar nunca conocerá. La globalización capitalista en realidad nos ha reducido las opciones, de la increíble variedad de plátanos en existencia, por poner un ejemplo, ha seleccionado un tipo de ejemplar para colocarlo masivamente en los supermercados del mundo.

Seguir leyendo

Lee más: elpais.com


Comparte con sus amigos!