comercios, bancos y coches pagan la ira de los «casseurs»

Al menos 71 heridos y alrededor de 1.000 detenidos es el balance provisional que ha dejado la manifestación de los chalecos amarillos este sábado. A pesar de que la protesta ha transcurrido de manera más o menos tranquila por la mañana, los «casseurs» o radicales han desatado su violencia desde primera hora de la tarde, quemando coches, como en la rue Euler, próxima a los Campos Elíseos, o destrozando sucursales bancarias y cajeros, así como construyendo barricadas.

A eso de las seis de la tarde, los manifestantes todavía seguían congregados en los Campos Elíseos, donde el olor del gas lacrimógeno se percibía con solo dar unos pasos por la avenida, a la altura del restaurante «Fouquet’s». Los manifestantes parecían jugar al ratón y al gato con los antidisturbios, corriendo súbitamente cuando había un conato de carga. Sin embargo, el impresionante operativo policial desplegado hoy en París ha evitado que la situación se descontrolase tanto como el sábado pasado.

Como informó el primer ministro, Édouard Philippe, al menos 8.000 policías se han encargado de contener la furia de los manifestantes. El operativo, a pesar de los incidentes en las zonas aledañas a los Campos Elíseos o en la plaza de la República, ha sido un éxito. A ello ha contribuido que desde primera hora de la mañana se hayan llevado a cabo detenciones de los chalecos amarillos considerados más violentos, y también los controles minuciosos que las fuerzas del orden han llevado a cabo. Hoy, en la zona occidental de París, resultaba imposible avanzar sin toparse con agentes encargados de registrar las mochilas de los transeúntes.

La capital de Francia presentaba un aspecto extraño este sábado. En la rue de Rivoli, una de las más transitadas de París y víctima, la semana pasada, de los disturbios, muchos comercios estaban cerrados, con sus escaparates cubiertos por tablones de madera. En un supermercado próximo al Museo del Louvre, el encargado de seguridad ha explicado a ABC que, hace una semana, la ira de los manifestantes se ensañó particularmente con la zona, donde se destrozaron locales de todo tipo y restaurantes. Hasta la plaza de Châtelet, resultaba casi imposible encontrar algo de bullicio y tiendas abiertas, pero, incluso allí, grupos de antidisturbios irrumpían en la calle.

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