Cinco fascinantes poemas de Joan Margarit

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A lo largo de su trayectoria, Joan Margarit (Sanaüja, Lleida, 1938) ha escrito una treintena de poemarios, que ha publicado tanto en catalán como en castellano, convirtiéndose en uno de los grandes referentes de la lírica en España.

El nuevo premio Cervantes tiene en su haber también el premio Nacional de Poesía de 2008 y hace poco obtuvo el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Y, entonces, le dijo a ABC: «Es un galardón importante, pero con estas cosas siempre tienes la duda de si te lo mereces o no». Curiosamente, podrá volver a hacer esta reflexión, y quizá el hecho de hacérsela tanto le lleve a alguna respuesta.

Como homenaje al maestro recién premiado, hemos decidido hacer una recopilación de algunos de los mejores poemas del poeta catalán. Vamos a empezar con el que ha recitado el propio ministro de Cultura José Guirao justo al anunciar el fallo del jurado y continuamos con otros cuatro.

No tires las cartas de amor

No tires las cartas de amor

Ellas no te abandonarán.

El tiempo pasará, se borrará el deseo

-esta flecha de sombra-

y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,

se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.

Caerán los años. Te cansarán los libros.

Descenderás aún más

e, incluso, perderás la poesía.

El ruido de ciudad en los cristales

acabará por ser tu única música,

y las cartas de amor que habrás guardado

serán tu última literatura.

—–

La libertad

Es la razón de nuestra vida,

dijimos, estudiantes soñadores.

La razón de los viejos, matizamos ahora,

su única y escéptica esperanza.

La libertad es un extraño viaje.

Son las plazas de toros con las sillas

sobre la arena en las primeras elecciones.

Es el peligro que, de madrugada,

nos acecha en el metro,

son los periódicos al fin de la jornada.

La libertad es hacer el amor en los parques.

Es el alba de un día de huelga general.

Es morir libre. Son las guerras médicas.

Las palabras República y Civil.

Un rey saliendo en tren hacia el exilio.

La libertad es una librería.

Ir indocumentado.

Las canciones prohibidas.

Una forma de amor, la libertad.

—–

Ser viejo

Entre las sombras de los gallos

y los perros de patios y corrales

de Sanaüja, se abre un agujero

que se llena con tiempo perdido y lluvia sucia

cuando los niños van hacia la muerte.

Ser viejo es una especie de posguerra.

Sentados a la mesa en la cocina,

limpiando las lentejas

en los anocheceres de brasero,

veo a los que me amaron.

Tan pobres que al final de aquella guerra

tuvieron que vender el miserable

viñedo y aquel frío caserón.

Ser viejo es que la guerra ha terminado.

Es saber dónde están los refugios, hoy inútiles.

—–

Cosas en común

Habernos conocido

un otoño en un tren que iba vacío;

La radiante, aunque cruel

promesa del deseo.

La cicatriz de la melancolía

y el viejo afecto con el que entendemos

los motivos del lobo.

La luna que acompaña al tren nocturno

Barcelona-París.

Un cuchillo de luz para los crímenes

que por amor debemos cometer.

Nuestra maldita e inocente suerte.

La voz del mar, que siempre te dirá

dónde estoy, porque es nuestro confidente.

Los poemas, que son cartas anónimas

escritas desde donde no imaginas

a la misma muchacha que un otoño

conocí en aquel tren que iba vacío.

——

Casa de misericordia

El padre fusilado.

O, como dice el juez, ejecutado.

La madre: la miseria, el hambre,

la instancia que le escribe alguien a máquina:

Saludo al Vencedor, Segundo Año Triunfal,

Solicito a Vuecencia poder dejar mis hijos

en esta Casa de Misericordia.

El frío del mañana está en la instancia.

Hospicios y orfanatos eran duros,

pero más dura era la intemperie.

La verdadera caridad da miedo.

Como la poesía:

por más bello que sea, un buen poema

ha de ser siempre cruel.

No hay nada más. La poesía es hoy

la última casa de misericordia.

Lee más: abc.es


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