Cinco excusas que impiden ahorrar para comprar una vivienda

El ahorro previo es esencial a la hora de convertirse en propietario de un inmueble. Lo habitual es que el banco al que acudamos nos exija el 20% del valor del piso, más un porcentaje adicional para cubrir los gastos y los impuestos. Según los últimos datos del Banco de España, las entidades financieras están comenzando a conceder hipotecas por encima del 80% del valor de tasación. Así, el 14,9% de los préstamos concedidos en 2018 superaron esta barrera. No obstante, disponer de cierto capital es fundamental. En pisos.com hemos analizado los pretextos más habituales para no ahorrar:

1. «Con lo caro que está todo no hay quien ahorre». Echar la culpa a lo que nos gastamos en la cesta de la compra o en echarle gasolina al coche es una excusa típica para esconder nuestra falta de previsión, o simplemente, la pereza que nos da sentarnos y analizar al detalle en qué nos gastamos el dinero y cómo podríamos aligerar el peso de ciertas facturas. Cambia de compañía de móvil, usa el transporte público, escoge marcas blancas en el supermercado… Ahorrarás cuando empieces a hacer cambios.

2. «Para qué voy a ahorrar si nunca me darán una hipoteca». Hay personas que se aferran a esta conclusión sin ni siquiera haber ido a su sucursal bancaria. Al menos, hay que intentarlo. Es cierto que las entidades siempre van a exigir un ahorro previo, dado que las hipotecas al 100% dañaron mucho el sistema financiero. Sin embargo, no se pierde nada por realizar comparativas entre diferentes bancos y comparar las condiciones que obtendríamos en función de nuestro perfil.

3. «Con mi sueldo es imposible ahorrar». Es posible que tu situación laboral a día de hoy no sea la más deseable, pero seguro que tienes intención de mejorar tu empleo, no de quedarte donde estás para siempre. Es mejor empezar a ahorrar ahora. No te engañes a ti mismo con el clásico “Para ahorrar poco, prefiero no ahorrar”. Si ajustas tu presupuesto ahora, cuando logres un trabajo con un salario más alto, ya tendrás recorrida cierta parte del camino.

4. «Prefiero vivir al día y disfrutar de la vida». Un pensamiento respetable, pero algo inmaduro. La recompensa inmediata que recibe el cerebro gracias al gasto responde a una cultura financiera poco trabajada. Por supuesto que darse un capricho es fundamental, pero no hay que quedarse instalado en el corto plazo para siempre. Hay que mirar hacia el futuro y pensar en la tranquilidad que nos procuraría un patrimonio que puede darnos liquidez el día de mañana.

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5. «Soy demasiado joven para pensar en el ahorro». Si se hacen planes respecto a lugares que conocer o metas laborales que cumplir, ¿por qué no hacer lo mismo con nuestras finanzas? Nunca es demasiado pronto para estructurar nuestra solvencia a largo plazo. Si siempre vamos prorrogando el ahorro, es muy posible que, cuando nos queramos dar cuenta, pasemos de los 40 y nos sintamos ciertamente frustrados. Lo importante es dejar a un lado las evasivas y jugar con el tiempo a nuestro favor.

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