Cinco discos de la semana | Babelia

El sueño dorado de Bill Callahan

Por Fernando Navarro

A pesar de ser un músico de obras exquisitamente relajadas y un conversador pausado, Bill Callahan ha metido la directa. Desde que publicó en 2013 Dream River, estuvo seis años sin disco nuevo hasta que el año pasado sorprendió con Shepherd in a Sheepskin Vest, un notable trabajo extremadamente confesional sobre su crisis existencial, su paternidad y la muerte de su madre, bajo los rudimentos de folk desnudo y desprovisto de artificios que siempre ha moldeado. Ahora, justo un año después y con la industria musical del revés por la pandemia, publica Gold Record, un álbum que, con el candor de su voz de cuentacuentos, es de cocción aún más lenta que el anterior. Elevado a los altares del folk alternativo desde que a finales del siglo pasado se presentó al mundo como Smog, ofreciendo orfebrerías sonoras con instrumentos tradicionales y atmósferas nacidas del ruralismo, Callahan no se ha preocupado nunca de cambiar de molde. Siempre ha ido a su bola, incluso cuando tocaba ser joven y a la última, con su alma de viejo concurrente, más ahora que, a sus 53 años, sabe recrearse en su universo de paz observacional del presente, donde las palabras guardan un peso enriquecedor sobre los avatares cotidianos. Es decir, la simple vida, que le gusta explorar desde tantos prismas como modos hay de mirar cada día por la ventana.

En Gold Record, su voz suena más grave —sobre todo en ‘Pigeons’ para decir: “Yo soy Johnny Cash”—, sobresaliendo sobre su fina guitarra acústica, ese acompañamiento que le sirve para narrar, entre la ironía y la aceptación, una vida adulta con la que, si en Shepherd in a Sheepskin Vest tenía que enfrentarse, ahora la explica como ese hombre que ayuda a arreglar una rueda de repuesto a un joven en mitad de la carretera. Una vida de matrimonio como en ‘Breakfast’ y ‘As I Wander’, pero también de artista preguntándose por la existencia en ‘Another Song’ y ‘The Mackenzies’. Incluso revisita ‘Let’s Move to the Country’, original de su etapa en Smog del disco Knock Knock,de 1999, sonando ahora nostálgica donde antes el amor pedía buscar salidas.

Por Javier Losilla

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