Cientos de microcuentos para Twitter inspirados por esta foto de Cristina García Rodero

Seis hombres subidos sobre un banco miran a distintos horizontes mientras que una mujer, a su lado, mantiene los pies en la tierra. La estampa bien podría ser de 1960, pero ocurrió en 1990. El blanco y negro del retrato y una España congelada en el tiempo difuminan el reloj en esta imagen de Cristina García Rodero (Puertollano, 1949). El escritor Juan Jacinto Muñoz Rengel retó el 16 de febrero a los seguidores de su canal de Twitter a crear relatos de menos de 280 caracteres inspirándose en ella. En las más de 5.000 respuestas que ha generado el mensaje desde entonces, han surgido muchos microcuentos que hacen referencia a la desigualdad de género. Imaginan a una mujer que busca su sitio en el mundo sin necesidad de elevarse un palmo sobre el suelo.

García Rodero, Premio Nacional de Fotografia en 1996 y miembro de la prestigiosa Agencia Magnum, recuerda con todo detalle el instante que ha inspirado estos textos. Llegó a su objetivo tras más de 15 años recorriendo los pueblos de España, en su empeño por registrar los ritos y festividades de esos rincones del país a punto de la extinción. Muchas de las imágenes recalaron en España oculta, libro fotográfico publicado por la editorial Lunwerg en 1989 que consagró la carrera de su autora. Pero esta parada en Sarracín de Aliste, una localidad zamorana que cuenta en estos momentos con algo más de 270 habitantes, no llegó a tiempo para aparecer en su gran proyecto. Su viaje no terminó ahí. Con determinación y sin más comunicaciones que las de las líneas de teléfono fijas, la fotógrafa siguió descubriendo las tradiciones de cada lugar, preguntando sin parar a la gente con la que se iba encontrando en el camino.

“Sarracín era uno de esos lugares donde ya no había jóvenes con los que celebrar festejos. Cada año, llamaba al Ayuntamiento para que me contaran si iban a recuperar sus mascaradas de Año Nuevo, como estaba ocurriendo en otros lugares de la región. Insistí hasta que un año me dijeron que sí. Yo estaba en Granada y quedaban pocas horas para el día 1 de enero. Me marché de inmediato en coche para llegar a tiempo. Era un día de mucha nieve y no sabía si iba a quedarme atrapada en la carretera, pero merecía la pena intentarlo. Por el camino, veía a gente tomar las uvas”, comenta García Rodero por teléfono.

Al llegar, encontró la diminuta plaza del pueblo repleta de gente. Había tantos vecinos, emocionados por recuperar parte de su identidad perdida, que esos seis hombres decidieron subirse a un banco para intentar ver algo en la distancia. “Simplemente, la mujer que estaba al lado era muy mayor y prefirió no subir. No había una guerra de sexos”, cuenta sobre la imagen, que aparece incluida en una antología dedicada a su obra que relanzó La Fábrica Editorial en 2015.

A la fotógrafa, que lleva décadas reivindicando que el copyright también existe en su gremio, no le hace especial ilusión que su trabajo aparezca en redes sociales de forma indiscriminada. “Internet no es una barra libre en la que no existen los derechos de autor. No se deberían publicar imágenes sin permiso, ni aunque se haga con buena intención”, protesta.

Lo que los protagonistas de la foto intentaban presenciar era el regreso a Sarracín de Aliste de las mascaradas de invierno, una celebración olvidada durante décadas por el éxodo rural de los años 60. En ellas, los más jóvenes encarnan a personajes diablescos con los que conmemorar el fin de un año y el comienzo de otro. Escondidos tras disfraces y máscaras, corren y saltan por las calles e invitan a los vecinos a que se sumen a la fiesta crepuscular. Esta celebración pagana ha vuelto a extenderse en los últimos años por zonas como Castilla y León, Galicia y las regiones vecinas de Portugal.

“Su origen está conectado con ritos prerromanos de las sociedades agrícolas y ganaderas. Buscaban purificarse de cara al nuevo ciclo y hacer un canto a la fertilidad de sus campos y de sus gentes”, explica por teléfono a Verne Bernardo Calvo, historiador experto en el mundo romano. Él también recorrió algunos de esos pueblos investigando las tradiciones relacionadas con las mascaradas para contarlo en el libro Tiempo de fiesta. Mascaradas de Castilla y León.

“Muchas de ellas, ante la persecución de una Iglesia descontenta con la celebración de la figura del diablo, buscaron refugio en otras fechas para no desaparecer. Se trasladaron a un momento del año en el que todo está permitido, como es el Carnaval”. Este invernal baile popular de máscaras vuelve a las calles de la España rural justo en estos últimos días de febrero. Para alegría de García Rodero, parte de ese país que parecía a punto de desintegrarse ante sus ojos y su cámara estaba en realidad renaciendo.

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