‘Chin-chin sin’: destilados y otras bebidas sin alcohol que dan el pego

Año tras año, a principios de ídem, millones de mamíferos nos hacemos la muy loable promesa de reducir nuestra ingesta alcohólica y eso está, a todas luces, bien.

Otra cosa es que lo logremos. Hay muchos motivos que nos pueden llevar al fracaso: que el consumo de alcohol está ligado a nuestra cultura, que el alcohol es una droga que engancha –y acarrea serios problemas sociales y de salud– y que hasta hace poco era complicado encontrar bebidas con las que puedas pintarte la ilusión de beber una copa.

¿Cómo se quita el alcohol?

En este último aspecto –el de encontrar un sustituto digno– se ha avanzado bastante. Existen varios métodos para elaborar una bebida sin; el más obvio es trabajar sin alcohol. Ya, las risas se escuchan desde aquí, pero algunas de las bebidas que simulan ser ginebras, rones, whiskys, etc. se elaboran mediante infusión de botánicos en un líquido extractante no alcohólico, como el agua, al que se da textura –el alcohol aporta textura– añadiéndole algo de glucosa. ¿Son entonces bebidas azucaradas? No, tampoco es eso: la cantidad de azúcar es ínfima, en algunos casos es de un gramo por 100 ml. Además, en una copa de Gin Tonic usarás unos 30 ml de una bebida de este tipo.

Otra forma de quitar el alcohol, empleada en el caso de algunas cervezas, consiste en filtrar la bebida por un tamiz de agujeritos microscópicos que separará líquidos –agua y alcohol– de sólidos (restos de malta y levadura). Los restos sólidos forman algo así como una pasta de cerveza deshidratada que, vuelta a mezclar con agua, se convierte en cerveza sin alcohol.

Otra solución consiste en destilar bajo presión un bebida alcohólica ya terminada. Las bebidas alcohólicas están compuestas en un porcentaje muy alto de agua; que hierve y se evapora a 100 ºC y por un porcentaje de alcohol, que también hierve y se evapora a unos 75 ºC. Por lo tanto, calentando el líquido chuzante a 75 ºC, perderíamos el alcohol; lo malo es que a esta temperatura también se pierden muchas cualidades organolépticas. Sin embargo, los líquidos sometidos a presión disminuyen su punto de ebullición; así que calentando un líquido a a menor temperatura, se evapora el alcohol mientras se respetan sus cualidades organolépticas.

La cuarta técnica, y la más sofisticada, consiste en hacer pasar dos veces la bebida alcohólica por un alambique de columna presurizado en la que primero se separarán los aromas, que se almacenarán en un depósito. Después se escindirá el alcohol _que se desechará– del agua, que se mezclará de nuevo con los aromas. Así, por ejemplo, se desalcoholizan los mejores vinos sin alcohol.

¿Las puedo servir en fiestas infantiles?

Rotundamente no. No parece una buena idea servir este tipo de bebidas a menores de edad, ni mucho menos a personas que padezcan de alcoholismo o sean susceptibles de ello. Estas bebidas emulan a sus homólogas alcohólicas y no me parece a mí que jugar a meterse un lingotazo sea muy constructivo ni que ayude a superar una adicción. Además, hay que tener en cuenta una cosa: legalmente se puede etiquetar como sin alcohol cualquier bebida que tenga un volumen alcohólico de 0,5 o menor, es decir, que algunas de estas alternativas pueden contener algo de etanol.

Ginebras y otros destilados

El gintoniquito, el gintoniquito… mira que sois simples. En fin, una de las mejores alternativas a la ginebra que yo conozco es Seedlip Spice 94 (30,25 euros), que a su vez es una de las primeras bebidas destiladas y sin alcohol que se comercializaron. Es una bebida bastante compleja, con un montón de botánicos, que recuerda a la ginebra no porque lleve nebrinas, sino por el cardamomo y los cítricos.

De un estilo parecido es Herbal Delight (27,50 euros). Tiene una buena combinación de botánicos, entre los que destaca el jengibre.

Herbie Gin (24,99 euros) sí incorpora nebrinas en su formulación. Además, huele un poco a lavanda y otro poco a naranja. Es, quizás, lo más parecido a una ginebra convencional.

El Tequila no es el destilado más consumido en España, pero a mí me parece muy alegre. Todavía más si lo tomas y a la mañana siguiente no te estalla el cerebro. Mocking Bird (29,15 euros) es parecido a un tequila con algo de añejamiento, pero sin las consecuencias.

Las últimas recomendaciones de este bloque son unos destilados sin alcohol free stylers. No intentan emular ninguna bebida con alcohol y, además, los venden aduciendo supuestas propiedades algo metafísicas. Dejando de lado las zarandajas alquímicas, cualquiera de las tres versiones de Three Spirits (29,99 euros) están curiosísimas: van de lo frutal – en el caso e Livener– y lo amargo y herbáceo –Social Elixir– a lo más avainillado y meloso –Nightcap–.

Vermús y aperitivos

En lo que se refiere a vermús, mi favorito hasta la fecha es Martini Floreale (10,59 euros), un aperitivo blanco. Como vermú rojo me parece muy correcto Versin (5,09 euros) y existe una mandanga que funciona como alternativa al Spritz –sin burbujitas– que resulta casi adictiva: Sir James 101 Bitter Aperitif (2,09 euros) es amargo y tiene aroma de naranja.

Vinos

Una de las alternativas, para mí la más interesante, es una kombucha. Ama Bat (28,20 euros) es una bebida fermentada a base de té verde sencha, con la característica de tener algo de envejecimiento en botella que le da cierta complejidad. No es la primera vez que hablo de ella, porque me gusta mucho. Puede pasar por un espumoso natural.

No sería justo obviar Natureo (7,10 euros), el blanco de Torres elaborado con Muscat que fue pionero en esto de los vinos desalcoholizados. Es muy afrutado, muy floral y muy fácil de beber: ccualidades bastante características de la uva con la que está hecho.

Aldea Tinto 0,0 (5,40 euros) es también un vino desalcoholizado. Se elabora con tempranillo y tiene aromas de frutos rojos: moras, cerezas, esas cosas. No esperes complejidad, pero sí un vino de fresqueo sin pretensiones y que pasa la mar de bien

Cervezas

Termino por las cerves. Mi favorita es la versión sin alcohol que Brewdog elabora de su célebre Punk IPA. La Brewdog Punk AF (2,24 euros) tiene aromas resinosos y verdes, no muy explosivos, pero sí recuerdan algo a lúpulo.

Si te apetece un sabor más convencional –el de la cañita de toda la vida– puedes probar una Clausthaler (1 euro), a la venta en bastantes supermercados. Y con todo esto ya tienes una fiesta sobria. La diversión está asegurada.

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