Cautivos de la imagen

El lenguaje del cine no permanece imperturbable a la brutal mutación que en los últimos años ha sufrido la figura del espectador. Para bien o para mal, guste o no, el espectador también es creador. O destructor. A sus 45 años, el director francés Frank Beauvais se recluyó en un pueblo en las montañas de Alsacia para curarse de las heridas de una ruptura sentimental. Durante unos meses no hizo otra cosa que ver una media de cuatro y cinco películas diarias, muchas en DVD, pero en su mayoría descargadas de Internet o de YouTube. Películas de todo tipo, encontradas en el subsuelo de cinematografías como la francesa, la alemana o la italiana. El resultado de aquella fiebre es No creas que voy a gritar, un magnético diario en imágenes hecho de retales de más de 400 películas, cine-collage al servicio del yo y la autobiografía pero también de la reflexión crítica sobre la vorágine de la cinefilia contemporánea.

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