Campo Baeza, ‘el maestro de la luz’: siete grandes arquitectos seleccionan las obras más importantes del último Medalla de Oro de la Arquitectura | ICON Design

Es el arquitecto español que mejor ha sabido utilizar la luz en sus construcciones, ese «elemento que siendo gratis es el más lujoso de los materiales». La descripción es de National Geographic, que ha seleccionado su Museo de la Memoria de Andalucía —junto al Guggenheim de Bilbao— como una de las «10 maravillas modernas del mundo». Por eso, casi extraña que Alberto Campo Baeza no tuviera ya la Medalla de Oro de la Arquitectura que ha recibido estos días. Es el siguiente, dicen, en la lista para el premio Nacional de Arquitectura, que se está haciendo esperar, y algunos compañeros van más allá y opinan que debería ganar el Pritzker.

Si hay algo que todo el mundo conoce de la obra de Campo Baeza son sus inconfundibles casas —Gaspar, Turégano, Guerrero, del Infinito— y la Caja de Ahorros de Granada, que es lo más parecido a una catedral laica por la rotundidad de las cuatro columnas del interior y por su luminosidad velada. El arquitecto nacido en Valladolid pero de corazón gaditano, donde pasó su infancia, es un maestro de la sencillez. Se ha ido despojando de todo lo innecesario para mostrar la verdad de las cuatro paredes que en realidad forman un edificio. Al igual que sus admirados Chillida y Oteiza, no crea espacios «añadiendo materia, sino vaciándola de todo lo superficial», explica a ICON Design.

Su arquitectura es educativa. Los alumnos estudian sus casas porque representan con sencillez lo esencial de un cubo, una diagonal de luz, un umbráculo, el silencio o el tiempo. También se establece una relación didáctica con sus clientes: quienes habitan sus casas aprenden a vivir de otro modo, oyendo el silencio, viendo el cielo, prolongando la mirada en un mar infinito. Es fiel a sus principios como arquitecto y no cede al capricho del dinero, pero tampoco «impone» sus ideas. Vence al convencer. Por eso muchos clientes «van y vienen» y con todos acaba teniendo una «relación de amistad».

Hombre de referentes y deudor de memorias, es generoso con sus padrinos profesionales: su abuelo arquitecto o su profesor Alejandro de la Sota, al que admiró desde que lo vio entrar en el aula. «En ese momento supe que quería ser como él», asegura. Y lo está consiguiendo con creces. Profesor emérito en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, la ETSAM, continúa dirigiendo su estudio en el madrileño barrio de Justicia.

En su despacho, la última maqueta de una casa, una granada encendida por el otoño, uno de sus últimos diseños de una lámpara led que saldrá a la venta a final de año y que acabará en la mesa de todo esteta que se precie, un cuadro pintado por él mismo —también escribe poesía—, y una mini réplica de la escultura en bronce de Marco Aurelio, de cuyas memorias tiene 60 ediciones en distintos idiomas. Campo Baeza está lleno de sorpresas y parafrasea a Goya para explicar su secreto: «Al igual que reza la leyenda de su cuadro de un hombre anciano con dos bastones: ‘Aún aprendo».

Los arquitectos más destacados del panorama nacional eligen para ICON Design su obra más representativa:

Rafael de La-Hoz – El interior de Caja Granada

«La arquitectura desnuda«

Vestir a quien amamos puede ser un acto de filantropía, pero si por el contrario le desvestimos, la intención suele ser más romántica. Muchos creen que la arquitectura que realiza Alberto Campo Baeza es escueta y precisa, porque estéticamente es un minimalista o porque éticamente es un esencialista, cuando en realidad lo que sucede es que Alberto ama tanto a la arquitectura que, por romanticismo, se afana en desvestirla de todo ropaje. ¿A quién puede sorprender que, una vez desnuda, ella le haya correspondido siempre?

Sí se puede. Bastan cuatro palos y un poco de aire para que Alberto Campo Baeza realice lo nunca visto: introducir un atrio romano dentro de un patio andaluz y que no parezca un truco de magia. Un cubo —o mejor dicho una alcoba andalusí— realizada con tan frágiles y translúcidos muros de alabastro, que precisa de cuatro colosales columnas romanas y de su techo protector para no dejar escapar el misterio que atesora: una luz mágica que no es mentira. Está en [el interior de la Caja de Ahorros de] Granada, y si se puede visitar, no se olvida.

* Rafael de La-Hoz. Arquitecto premio Averroes de Oro a las Bellas Artes 2010, Distinción COAM 2010, premio Obra Internacional 2007 de la XIª Bienal de Arquitectura Argentina, premio del American Architecture Awards 2004 del Chicago Atheneum (USA), entre otros.

Carlos Ferrater – Casa Turégano (Madrid)

«Maestría en el trabajo de la luz«

Conozco la trayectoria de Alberto Campo Baeza desde sus inicios. Siempre he admirado de él su independencia y, más allá de su espléndida arquitectura, su capacidad intelectual y cultural para transmitir sus ideas y conocimientos. Excepcionalmente, su maestría en el trabajo de la luz como materia prima del proyecto.

Siempre he tenido la tendencia, cuando valoro la obra de un arquitecto, de remitirme a sus inicios, a aquellas primeras obras que han trascendido en el tiempo y que marcaron lo que sería su futura trayectoria.

He escogido su primeriza Casa Turégano en Madrid (1988), un radical cubo blanco de 10x10x10 metros. Esta obra supuso el preludio de otras importantes que vendrían más adelante, como la Caja de Granada del año 2001 o el Museo de la Memoria de 2010, hasta llegar a través de un fértil recorrido a la radical Casa del Infinito del año 2014 en Cádiz, una de sus últimas y más representativas realizaciones, una plataforma horizontal que se abre al infinito del mar.

* Carlos Ferrater. Arquitecto. Catedrático de Proyectos de la UPC. Premio Nacional de Arquitectura a su trayectoria en el año 2009. Premio Nacional de Arquitectura Española 2001 al Palacio de Congresos de Cataluña. Premio Nacional de Arquitectura Española 2011 al Paseo Marítimo de Benidorm, entre otros.

Francisco Mangado – Caja de Ahorros de Granada

«La belleza de la abstracción geométrica»

Alberto Campo Baeza es sin duda un referente de la arquitectura española de los últimos años. Podemos resumir su quehacer en una idea que no es otra que la de su capacidad docente ejercida desde una doble perspectiva que, a la postre, resultan la misma. Por un lado, en la Escuela de Arquitectura de Madrid en la que de manera continuada ha enseñado a gran número de alumnos que todavía hoy recuerdan su enorme dedicación y cariño. Por otro, con su arquitectura, que ha sabido afirmar continuamente principios eternos como son la importancia de la luz, el espacio interior y la abstracción geométrica como recursos para lograr la belleza arquitectónica.

Creo que un edificio realmente importante de Alberto es el realizado para la Caja de Ahorros de Granada. Por su dimensión institucional y por la configuración del espacio interior, pero también porque resulta el exponente más claro de cómo unos principios de proyecto que se habían demostrado útiles en los edificios de reducida dimensión son aplicables a la gran escala que habitualmente trabaja con presupuestos diferentes.

* Francisco Mangado es arquitecto, premio de arquitectura Andrea Palladio, el Thiene de Arquitectura, el premio Architecti, el premio de la CEOE y el premio FAD, entre otros.

Enrique Sobejano y Fuensanta Nieto – Sus casas como Casa Guerrero y la Casa del Infinito

«La búsqueda de lo esencial»

La obra de Alberto Campo refleja una excepcional capacidad para construir un mundo propio. Aunque sus proyectos responden a distintos programas y lugares, la paciente experimentación que caracteriza su brillante carrera acaba confluyendo en la casa como idea. Las casas de Alberto Campo definen un arquetipo abstraído de la memoria, que en cada nueva variación es reinterpretado, depurado, ajustado, liberado de aquello que el arquitecto considera innecesario, en una búsqueda personal y constante de lo esencial.

Sus obras más claras, rotundas, nítidas —Casa Turégano, Casa Guerrero, Casa del Infinito— aspiran a ser puro espacio, proclaman que la luz, la extrema blancura, la voluntaria inmaterialidad, son suficientes para dar un sentido a toda una idea de la arquitectura.

* Nieto Sobejano Arquitectos. Medalla Alvar Aalto 2015. Primer premio al Centro Nacional de Artes Visuales Madrid (2009). Primer premio a la Ordenación urbana, Oficinas y Hotel. Munich, Alemania (2009), entre otros.

Ignacio Vicens – Edificio de la Junta de Castilla y León en Zamora

«Ejemplo de coherencia intelectual»

Su arquitectura precisa, exacta, esencial, inmune al capricho, a la arbitrariedad o a las tendencias, es un ejemplo de coherencia intelectual. Yo destacaría, de entre su espléndida producción, dos obras: la Caja de Ahorros de Granada, un edificio de complejo programa resuelto con impresionante radicalidad, que ha alcanzado el carácter de icono de la ciudad; y el edificio para la Junta de Castilla y León, enfrentado a la Catedral Románica de Zamora: el muro de piedra rosada que lo envuelve cela unos espacios de oficinas brillantes y luminosos, demostrando que su arquitectura abstracta, ideal y concisa sabe integrase exquisitamente en ambientes históricos consolidados.

* Ignacio Vicens es catedrático de Proyectos Arquitectónicos. Universidad Politécnica de Madrid desde 1997. Premio de Investigación, Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

Lola Alonso Vera – Sus viviendas para particulares, como Casa Gaspar

«Un esquema no es una casa»

Un esquema representa mental o gráficamente las líneas generadoras de una idea o cosa futura. En arquitectura se podría asimilar a un dibujo sencillo que contuviera unas pocas trazas, no necesariamente indicadoras de forma, pero sí soporte de una red de relaciones capaz de evolucionar progresivamente, con la elaboración adecuada, hasta transformarse en una construcción material dotada de las más altas cualidades para la habitación humana.

Y no sólo eso, un buen esquema también contiene valores objetivos de referencia disciplinar para orientar el aprendizaje. Selecciona lo importante, aquellas cuestiones que interesa desarrollar, y que suelen ser pocas pero esenciales.

Las casas de Campo Baeza —particularmente Turégano y Gaspar, pero también otras posteriores con origen en ellas— son la realidad física de aquel esquema que, no siendo una casa, ha devenido en todo aquello que una casa debe atender para ser habitada: capacidad de simbiosis con el usuario, óptima valoración del espacio como acogedor de vida y posibilidad de apropiación sin trabas de sus ámbitos de uso. Casas intemporales, sencillas, austeras, donde cualquiera de nosotros podría vivir.

Ello resume, a mi juicio, el objetivo último de nuestro quehacer, que no es suficientemente atendido en este tiempo mercantilizado, y que únicamente una actitud generosa y lúcida, como es el caso, resulta capaz de ejemplarizar con coherencia y talento.

* Lola Alonso es arquitecta, miembro del jurado del la Medalla de Oro de la Arquitectura y Premio de Arquitectura del COACV.

Juan Herreros – Desde el pabellón efímero al edificio más monumental y su tarea docente

«El profesor insistente»

De Valladolid, donde nació, a Cádiz donde encontró la luz que necesitaba, Alberto Campo Baeza es sin duda uno de nuestros arquitectos más elegantes tanto en sus edificios como en su proceder silencioso y austero. Trabaja con ideas de arquitecturas que tienen nombre: el cubo de vidrio, el espacio hipóstilo, el volumen sobre una plataforma, la habitación vacía… Y lo hace con una paleta escueta de materiales, gestos y colores, basando su pensamiento en un puñado de convicciones que, a pesar de su firmeza, ha sabido hacer progresar en sus ensayos y en su obra construida.

En su producción hay ejemplos de todos los programas y todas las escalas, desde la más monumental al pabellón efímero, demostrando que la claridad y la simplicidad son dimensiones de la funcionalidad y del uso pleno que las personas hacen del espacio, y que todas las actividades humanas agradecen la belleza por encima de otros criterios. Sus obras responden a las preguntas que cada caso plantea con la cantidad justa de arquitectura, ni más ni menos.

Campo Baeza tiene a sus espaldas una apasionada carrera docente en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Es de esos profesores que primero inocula el entusiasmo en sus alumnos y, desde allí, los acompaña en los descubrimientos necesarios. Seguramente, esta vida en la academia paralela a la profesional, esta rutina que supone acudir al mismo edificio varias veces a la semana durante décadas, este compartir su discurso con el principiante con la convicción de que se puede enseñar a hacer arquitectura, ha operado en Campo Baeza una especie de efecto mántrico que se revela en la insistencia con la que vuelve una y otra vez a sus temas favoritos: la luz como material de construcción, la levedad espacial, la materia, las emociones asociadas a la experimentación del espacio.

La Medalla de Oro de la Arquitectura que le acaba de conceder el Consejo Superior de Arquitectos reconoce un trabajo inmenso e intenso y el magisterio de los que contribuyen al avance de su disciplina convirtiéndose en referencia y modelo para los demás.

*Juan Herreros es catedrático de Proyectos de la Universidad Politécnica de Madrid y profesor en la Universidad de Columbia en Nueva York. International Fellowship Award, Royal Institute of British Architects, RIBA, Reino Unido (2009). Y premio COAM varios años, entre otros.

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