«Camilo Sesto era humilde, no tenía ego. No era el de ‘Mola mazo’»

El 6 de noviembre de 1975, en el teatro Alcalá Palace de Madrid, se estrenaba una obra rompedora, Jesucristo Superstar, con Camilo Sesto como productor y protagonista principal. La dirigía Jaime Azpilicueta, que recuerda al artista, fallecido este domingo a los 72 años por un fallo renal, como un profesional entregado, «humilde, introvertido y sensato», nada que ver con la imagen de divo de los últimos años. «Ojalá todos los artistas fueran como él», dice el director teatral.

Jaime Azpilicueta, en una imagen de archivo
Jaime Azpilicueta, en una imagen de archivo – Javier Prieto /ABC

-¿Qué supuso el estreno de una obra como Jesucristo Superstar en España?

-Nadie tenía ninguna confianza en que pudiéramos hacerla. Nos decían que los españoles no sabíamos hacer musicales, solo zarzuela. Y que Camilo tenía una voz maravillosa, pero que era inexpresivo y no servía para interpretar a un personaje como Jesucristo. Así que no veas la sorpresa que se llevó la gente.

-Se enfrentaron a un buen número de problemas para sacarla adelante.

-Muchísimos. Tuvimos que retrasar el estreno porque estábamos a la espera del fallecimiento de Franco. Y cuando murió (el 20 de noviembre) tuvimos que guardar tres días de luto. Además, cada dos por tres había amenazas de bomba en el teatro. Las taquilleras, dos señoras mayores, echaban a correr cada vez que avisaban de una. Y todo porque Jesucristo cantaba con un micro, cosa que seguramente habría hecho de haber nacido en el siglo XX para dar sus sermones, ¿no?

Loading...

-Fue una obra revolucionaria.

-Totalmente. La llave que abrió la puerta de los musicales en España. Yo vi a 1.217 aspirantes para el coro. Nadie había hecho musicales en su vida. El que sabía cantar no sabía actuar ni bailar. No era como ahora. ¡Y bailaban con micros de cable! Hasta tuvimos que coreografiar los micros.

-¿Cómo era Camilo Sesto en el papel de Jesucristo?

-Era el único que podía hacerlo vocalmente. Y como actor trabajé con él desde la libertad y la tranquilidad. Jamás me puso una pega ni se puso en contra. Ojalá todos los artistas fueran como él.

-Muy profesional.

-Mucho. No era un divo. No tenía ningún ego. Era muy consciente de que en este mundo estamos de paso, que un día eres el número uno y al otro, no. Al ser autor, él sabía que si le fallaba la voz podía seguir escribiendo.

-Eso no casa con la imagen que daba en los últimos años.

-Cuando alguien se ve ya sin oído ni voz, cuando el físico falla y mentalmente ya no se es tan brillante, puede quedarse en su casa para siempre, como hicieron muy bien Marisol o Greta Garbo. Hay que tener muchas narices, por no decir otra cosa, para asumir eso. Al contrario, Camilo, al ver mermadas sus facultades, intentó disimularlo vanagloriándose de sí mismo. Pero ese no era el Camilo que yo conocí. El que yo conocí era humilde, introvertido y sensato.

-Al final intentó conectar con los más jóvenes, ¿le gustó?

-Fue un error. El de «Mola mazo» era otra persona. Y el tema fue un gran éxito, no digo que no. Pero yo me quedo con el Camilo de «Getsemaní», número uno durante meses. Grabó la canción una tarde de domingo, como esta, en tan solo media hora.

-Defina a Camilo Sesto en tres palabras.

-Fue y es Jesucristo Superstar. Son unas pocas palabras más, pero no hay mejor forma de describirlo.

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!