Cabify desata la guerra interna del taxi

La entrada de Cabify en el negocio del taxi ha desatado la ira del gremio. Ayer, la empresa puso en marcha ese servicio con 110 vehículos de taxistas en las calles de Madrid (100) y Valencia (10). Ahora, esos trabajadores están en la diana. «Para nosotros ya no son taxistas, son enemigos. No tienen dignidad y son unos traidores», asegura Tito Álvarez, portavoz de Élite Taxi. Un rotundo mensaje que abre heridas en un sector que colapsó España en 2018 en su lucha contra el alquiler de coches con conductor (VTC).

«No se entiende que haya compañeros que colaboren con ellos», dice Álvarez. El sector está extrañado de que algunos decidan aliarse con quien pelearon en el pasado. Las largas jornadas de huelga del pasado verano caen, así, en saco roto. Por su parte, Fedetaxi, la asociación mayoritaria, tildó de «despropósito» que haya quien acepte trabajar con Cabify. E inciden en que se trata de una actitud «cortoplacista y perjudicial» para todo el colectivo. Aunque apenas se trate de algo más de un centenar de taxistas, el daño está hecho.

La voz discordante en esta guerra interna del gremio la protagonizan la Federación Profesional del Taxi de Madrid y Antaxi. En voz de su vicepresidente, Jesús Fernández, señalan que esto se trata de una estrategia «para venderse y convencer a los que les tienen que financiar». Precisamente, Cabify está en conversaciones para cerrar una nueva inyección de capital. Así, éste explica que no se cree que realmente la startup haya logrado convencer a más de un centenar de sus compañeros para incorporarse a la plataforma. Se mantienen a la expectativa de comprobar que lo que han anunciado es cierto porque la empresa «no va a ser bien recibida por el colectivo del taxi. De cada diez compañeros, nueve no van a querer trabajar con ellos». Este periódico ha podido comprobar que el servicio ya está activo y en funcionamiento.

El objetivo de la compañía de movilidad es sumar a cuantos más taxistas mejor; y extender el negocio a todo el territorio nacional. Además, no corren el riesgo de ser identificados por otros taxistas ya que el logo de Cabify no figura en el coche.

Pese a todo, en este nuevo segmento de negocio, la empresa ha optado por renunciar a parte de su filosofía. Los taxistas que presten sus servicios a través de la aplicación no están obligados a ofrecer las comodidades que sí tienen los VTC: ni agua embotellada, ni música y climatización adaptadas a cada cliente. Además, tampoco se exige a los conductores que vayan trajeados durante su horario de trabajo.

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Fuentes de Cabify destacan que los taxistas podrán elegir cuándo conectarse, sin penalizaciones. Al estilo de lo que teóricamente permiten Deliveroo y Glovo en el reparto de comida a domicilio para con sus «riders». El único coste para los conductores es la comisión que cobra la startup por brindarles la plataforma y la puesta en contacto con los clientes. Aunque no han desvelado qué cantidad de dinero de los trayectos se quedará la empresa, fuentes del taxi apuntan a que se trata del 15%, es decir, cinco puntos porcentuales menos que a los conductores de VTC. De momento solo podrán pedirse taxis en Madrid y Valencia -en Santander mantendrán la prueba piloto iniciada en abril con apenas 3-4 vehículos-, mientras que en Barcelona Élite Taxi avisa: «Lo propusieron y no salió. No les quiere nadie».

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