Butifarra, ensaimada y «Volare», así fue la boda de Manuel Valls y Susana Gallardo

Ha sido uno de los enlaces más esperados de todo el año, entre otras cosas por la rapidez con la que sus protagonistas se enamoraron y decidieron darse el «sí, quiero» poco después de cruzarse por vez primera, hace algo más de un año. Este fin de semana, con los paisajes menorquinos como telón de fondo, la empresaria catalana Susana Gallardo y el ex primer ministro francés y ahora concejal de Barcelona, Manuel Valls, coronaron con tres días de fiesta su boda civil, que, según el diario «La Vanguardia», tuvo lugar en la más estricta intimidad el lunes 9 de septiembre en la Ciudad Condal. Desde el viernes 13 hasta el pasado domingo los 150 invitados del flamante matrimonio brindaron por una feliz y provechosa vida en común. Para el político es su tercera boda -del primer matrimonio tiene cuatro hijos- mientras que para la heredera de los laboratorios Almirall es la segunda -de su unión con Alberto Palatchi, fundador de Pronovias, nacieron tres vástagos-.

La elección de Menorca como escenario para confirmar que lo suyo fue mucho más que un flechazo se debió, principalmente, a dos razones: fue precisamente allí donde, en el verano de 2018, comenzaba su relación y, además, Gallardo es dueña de una finca de 98 hectáreas en Binidalí, escenario de la fiesta del sábado.

La finca rural que Susana Gallardo posee en Binidalí
La finca rural que Susana Gallardo posee en Binidalí – David Arquimbau

La consigna que la pareja asignó a sus invitados fue que vistieran de blanco, lo que le dio un toque novelesco al enlace nupcial. A tono con el vestido de la novia, el político también optó por un traje del mismo color. Uno de los detalles que sobresalieron del atuendo de Valls fue el uso de un sombrero estilo Panamá, que le otorgó un tinte desenfadado y hasta veraniego a su vestimenta.

En cuanto a Gallardo, el vestido que escogió para tan especial ocasión fue un exclusivo diseño a cargo de Ze García. Con un modelo que incorporaba un juego de plumas, su «look» dejó sin efecto las versiones iniciales de la prensa, que indicaban que la novia vestiría un diseño de Pronovias. Acorde con el tono estival del evento, la canción con la que la pareja ingresó a la carpa donde aguardaban los invitados para saludarles era nada menos que la mítica «Volare».

Cada mesa, un sentido

Fiel al estilo de moda en las bodas actuales, la disposición y el nombre de las mesas de la ceremonia estuvieron estratégicamente pensados en función de lugares que sirvieron de escenarios en la historia de amor entre el político y la empresaria. Es así que una llevaba el nombre de Barcelona, otra de Menorca y la tercera, de París.

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La mesa principal estuvo ocupada por los novios, la madre de Valls Luisa Galfetti, y los dos padres de Gallardo, Antonio Gallardo y María Teresa Torrededía. También se sentaron allí los cuatro hijos del político -fruto de su matrimonio con Nathalie Soulié-, los tres vástagos de la catalana -que tuvo junto al dueño de Pronovias, Alberto Palatchi– y otros miembros de su familia. En cuanto al resto de los invitados, destacó la presencia de Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa, Javier Godó y Marisa Falcó -condes de Godó-, Félix y Nati Revuelta, Jaime Carbajal y Xandra Falcó, José Crehueras y Columna Martí, Paco Gaudier y Mercedes Arnús. También hubo quienes cruzaron los Pirineos para presenciar la ceremonia, como varios amigos que mantiene Valls en Francia, de su época como primer ministro galo.

Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa en la boda de Susana Gallardo y Manuel Valls
Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa en la boda de Susana Gallardo y Manuel Valls – ABC

El menú del sábado consistió en una propuesta gastronómica que combinaba a la perfección el estilo culinario de la región con platos tradicionales de la tierra ibérica: incluyó crema de tomate y butifarra y la tarta fue una clásica ensaimada menorquina. Terminada la comida, los presentes regresaron a la finca de Gallardo para prepararse para la celebración nocturna, que se extendió hasta avanzada la madrugada.

Festejos sin fin

Si bien el corazón de las celebraciones tuvo lugar el sábado 14, los novios optaron por un festejo que se extendió a lo largo de todo el fin de semana. El viernes por la noche se dio inicio a la fiesta de «preboda» con una cena en las bodegas Binifadet. Al día siguiente, los novios dieron el «sí, quiero» y el domingo tuvo lugar el gran cierre de las jornadas, que consistió en una comida informal de los recién casados junto a familiares y amigos, a la que asistieron solamente unas 80 personas.

Susana Gallardo junto a un grupo de invitadas
Susana Gallardo junto a un grupo de invitadas – ABC

El menú del almuerzo fue una clásica paella española que los invitados degustaron frente a las vistas del mar Mediterráneo en el Club Náutico Binisafua, sitio frecuentado con asiduidad por la pareja durante el año que llevan juntos. La comida comenzó apenas pasadas las 14.30 horas. Durante los tres días que duró la celebración, Gallardo vistió siempre de blanco, utilizando modelos más informales el viernes y el domingo.

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