Buenafuente sigue aquí | Televisión

Andreu Buenafuente (Reus, 1965) lleva 17 años haciendo lo mismo. Aun así, cada noche se enfrenta a un desafío distinto. Hay que probar las luces del monólogo, el sonido de la banda y los vídeos pregrabados. Y, por supuesto, cada chiste es un nuevo reto. Desde su icónica mesa, con el skyline de Benidorm de fondo, el director y presentador controla y revisa cada detalle: «No soy un perfeccionista, pero mi carácter me obliga a estar buscando cómo hacerlo todo mejor, desde el guion hasta elegir la banda invitada. Este trabajo es muy exigente».

Pese a que Buenafuente conozca al milímetro su programa, con Late Motiv —de lunes a jueves en #0— ha logrado un éxito que no había paladeado antes, el de lo viral. Un sketch de Bertín Osborne, Raúl Pérez imitando a Ferreras o a Iceta, Broncano contando sus «movidas» o un cameo de Echenique suman cientos de miles de reproducciones en Youtube y cientos de retuits. La audiencia del programa en directo es menor, sí, pero en el cable han descubierto que internet puede hacerles más influyente que nunca.

Incluso en el mundo de las múltiples pantallas, aquí la veteranía también ayuda. El equipo, aunque en constante revolución, se conoce desde hace décadas. Ha saltado por Antena 3 y La Sexta. Un premio difícil de obtener en la televisión española de consumo rápido. Entre bambalinas, todo funciona como un engranaje, desde las 9.30 de la mañana a eso de las 22.00, cuando acaba de montarse el programa, que se graba cuatro horas antes de emisión.

Un late night de humor como este, con su monólogo, entrevista y actuación musical puede que sea uno de los formatos más invariables de la historia de la televisión. Sin embargo, la inmediatez y los nuevos cauces de información han obligado al equipo de Buenafuente a evolucionar. «Tenemos un Whatsapp con los guionistas y Andreu. Allí nacen los chistes de la actualidad que hacemos en el programa», cuenta el subdirector David Lillo, que lleva trabajando con el rey español del humor de medianoche desde TV3.

«El 70-80% está pensado con antelación y luego dejas huecos para las noticas», explica el subdirector Marc Amorós mientras enseña una pizarra semanal donde los pocos huecos son del monólogo. Lillo lo refrenda: «El late night de actualidad es un juguete. Se trabaja con amigos, vemos el vídeo viral que triunfa y lo transformamos. Es muy difícil superar el ingenio de Twitter, pero la voz de Andreu nos hace especial. Él es el prescriptor y lo controla todo».

El pago ha dado la oportunidad a Late Motiv de respetar ahora el formato más clásico. Las claves eran más simples de lo que imaginaban: en abierto el programa llegó a emitirse a las 2.00 y tenía que durar diariamente 70 minutos. «Con 50 no somos tan esclavos y mantenemos el ritmo. Emitíamos 280 minutos semanales y nos hacía bajar el estándar. Hay películas que duran como esos programas. Pero tú a la audiencia no podías justificarte así. Ahora podemos correr», defiende Amorós que cree que el secreto es «hacer cosas distintas siempre transitando el mismo formato». Sorprenderse a ellos mismos y luego a la audiencia: «Hacer un arroz con un ingrediente distinto cada día. El arroz es Andreu, el monólogo, la entrevista…».

El plato comenzó a cocinarse en 1994 cuando Josep María Mainat enseñó a Buenafuente un programa de Letterman. «Había visto a Johnny Carson en Nueva York en directo pero cuando vi a Letterman sabía que esta era la expresión completa del humor. Primero no me atreví. Hoy sigo enamorado del formato. Juegas con él, pero lo respetas. El programa está vivo, tiene nervio y rabia», pero, a pesar de emitirse en la casi desconocida #0, no piensa en nichos: «Sigo teniendo presión por conectar con el máximo número de audiencia. Lo bueno es que aquí no es a toda costa».

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