Boca: los pequeños hechos que muestran cómo se desinfló la figura de Tevez

Alfaro y Tevez, una relación profesional de gestos adustos; los resultados son un aval para las decisiones del entrenador Fuente: LA NACION – Crédito: Mauro Alfieri

Por experiencia, Gustavo Alfaro sabía que durante el diálogo con la prensa, tras el ajustado éxito ante Estudiantes, por la 6a fecha de la Superliga, iba a presentársele un tema incómodo: Carlos Tevez y su reiteradas presencias entre los suplentes. Lejos de fastidiarse, la situación se le ofreció como una vía para expresar su pensamiento y ante la consulta sobre si un jugador con la experiencia del Apache podía colaborar con el equipo, a pesar de asomar relegado, el técnico se puso firme y envió un claro mensaje al vestuario: “Debe… Debe ayudar”.

Tevez no está cómodo. Ya no siente ese placer que lo envolvía hasta la visita al Monumental, el 1° de septiembre pasado. Aún siendo un relevo, sabía muy bien que por su innegable experiencia era considerado el hombre a seguir. No obstante, aquel día, ante River, se generó un gran cambio. Dejó de representar el papel de figura importante y su función de referente empezó a recortar su gravitación por propia iniciativa.

Porque para Alfaro sigue todo igual. Aunque su “abanderado” tenga el espíritu caído, seguirá manejando todo como lo hizo en el último tiempo. Y si considera que Tevez no está por encima de otros, no será titular. “Entiendo las jerarquías, las trayectorias y los liderazgos, pero esto es un equipo. Carlos no dejó de ser nuestro líder por el hecho de no jugar. Los entrenadores estamos para tomar las decisiones de las que estamos convencidos, porque si no perdemos dos veces: además del partido, no hicimos lo que entendíamos que teníamos que hacer”, sentenció el rafaelino.

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Tevez, serio, agradece a los hinchas el caluroso recibimiento en la Bombonera

También se podría decir que para el Apache continúa todo por los mismos carriles, pero en partes. Porque aún perdura su bronca con el DT por aquella determinación que lo dejó sin un lugar en Núñez, aunque existe un agregado: “En el vestuario está más apagado, con mucha menos chispa que antes. Eso sí, cuando se entrena, damos fe de que lo hace queriendo demostrar que es el mejor. Y eso es bueno”, le confiaron a la nacion personas cercanas al plantel. Y ambas aristas se reflejan en los partidos: las imágenes que replica la transimisión de TV muestran cómo aplaude desde afuera un gol de su equipo con cara muy seria; también, que no se inmuta ante las indicaciones de Alfaro antes de ingresar. Y cuando ingresa en el campo, lo hace caminando, como si hubiera un desgano grande. Profesional, cuando rueda la pelota -en un compromiso oficial o en una práctica- cambia el chip, aunque en su cabeza sabe que no es una prioridad para el entrenador. Ya no se siente un líder y, por eso, está dejando de ejercer el mando: más que nunca se siente un jugador más.

Todo gira en torno a un malestar que es solo con el entrenador. En el club aseguran que el vínculo con el vestuario es perfecto, el grupo está unido y se maneja un clima cordial. ¿Eso significa que ante una “rebeldía” Tevez tendría muchos aliados? Para nada. Los jugadores entienden al N°10, pero también respetan mucho al máximo conductor del plantel. En particular ahora, que Boca marcha puntero en la Superliga y en el horizonte aparece San Lorenzo, primer escolta, junto con Talleres, y cuando las semifinales de la Copa Libertadores ante River están a la vuelta de la esquina: el apoyo a Alfaro es incondicional, están convencidos de su trabajo y con mucha confianza para devolver a los xeneizes a los lugares que creen que se merecen.

Por esa razón es que Tevez no hace manifestaciones públicas y altisonantes sobre su situación. Primero, porque entiende que revolucionar el Mundo Boca en la previa de los superclásicos sería un error; segundo, porque no hay demasiado que reprochar: el equipo gana y este ciclo solo sufrió tres derrotas en 38 encuentros; por último, porque para otros sectores importantes del club también su figura está en un segundo plano.

Nicolás Burdisso, director deportivo, avala con convicción las determinaciones del técnico que contrató en enero y no tiene nada para sugerir respecto a que el ídolo sea la segunda o, incluso, tercera opción a utilizar en su posición. Así y todo, también la relación entre el jugador y el directivo es amena: no se esquivan y cuando se cruzan en el club tienen conversaciones.

Por otro lado, muchos dirigentes -de a poco- empiezan a creer en el DT y ya le quitaron el respaldo al futbolista, de 35 años. Y al ser tan amigo de Mauricio Macri, la relación del Apache con Daniel Angelici tampoco es tan perfecta como antes: en los últimos meses existieron varias cuestiones que enseñaron tirantez en la conexión entre los presidentes de Boca y de la Nación, que repercutieron en el jugador. De hecho, en reiteradas ocasiones el mandamás boquense se desligó de la renovación del contrato que vence a fin de año, escudándose en que ya no será el presidente y sería involucrarse en decisiones de la próxima gestión.

Los hechos demuestran que Carlitos ya no es un elemento político que fortalezca al oficialismo de cara a las elecciones de diciembre. Futbolísticamente, no es el mismo que en 2015, año en que retornó al club desde Juventus y caminó abrazado con Angelici para sumarle votos. También hace rato que los hinchas no aclaman su titularidad como sí sucedió en aquel momento. La lectura de los dirigentes es que su figura ya no tiene el mismo peso.

Meses atrás, ya sin Guillermo Barros Schelotto, con el que tuvo mala relación, y con un Alfaro con el que se sentía a gusto, Tevez había espantado las ganas del retiro. Hoy, la situación es igual o peor en comparación con aquellos días del Mellizo. ¿La bomba se vuelve a activar?

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