‘Black Mirror’: todos los capítulos ordenados de peor a mejor | Televisión

(4×05 Dirección: David Slade; Guion: Charlie Brooker)

¿Es este episodio el peor de la historia de la serie? Eso creemos nosotros, y, aunque tiene sus seguidores, nada de lo que cuenta nos interesa ni engancha. Es el capítulo con el que quieres hacer otra cosa, donde nunca acabas de conectar con la huida de su protagonista ni importa que le persigan las máquinas. David Slade, responsable visual de Hannibal, American Gods y director de la película Hard Candy, lo da todo y se nota su estilo por todos los poros, pero el problema es que dirige una historia sin nada que contar. Y mira que nos gusta el blanco y negro…

(3×05 Dirección: Jakob Verbruggen; Guion: Charlie Brooker)

La ciencia de matar trata de ser un episodio grande de Black Mirror, casi una superproducción bélica, pero se pierde en un giro nada inesperado y en un mensaje que queda claro casi desde el primer momento. Como en muchos de los episodios de la tercera temporada, le sobran minutos. Si esto no fuera suficiente, su protagonista no nos transmite nada.

(3×06 Dirección: James Hawes; Guion: Charlie Brooker)

Es el último capítulo de la tercera temporada, un episodio de 90 minutos planteado como un thriller de suspense en el que personas que han sido objeto de la ira de las redes sociales mueren en extrañas circunstancias. Aunque la premisa y la reflexión de fondo son interesantes, al capítulo le sobran minutos y no llega a enganchar como debería.

(5×03 Dirección: Anne Sewitsky; Guion: Charlie Brooker)

Una especie de Alexa inteligente se convierte en la mejor amiga de una niña. Tiene la gracia de ver Miley Cyrus como una estrella del pop inspirada en ella, pero la historia termina siendo demasiado blanca, demasiado juvenil, como de película ochentera. Tampoco invita tanto a la reflexión como otros episodios.

(2×03 Dirección: Bryan Higgins; Guion: Charlie Brooker y Chris Morris)

The Waldo Moment tiene un punto de vista interesante que, además, con la llegada del presidente Donald Trump ha ganado puntos en veracidad. Como episodio, sin embargo, es poco memorable. Su idea principal no se desarrolla como algo muy creíble, su personaje tampoco tiene demasiada gracia y su protagonista resulta difícil de empatizar.

(4×01 Dirección: Toby Haynes; Guion: Charlie Brooker y William Bridges)

Para algunos, uno de los mejores capítulos de la cuarta temporada de la serie (no para nosotros) es esta historia de ciencia ficción con tono vintage que sirve de homenaje y/o parodia de Star Trek. Un hombre cansado del constante ninguneo en el trabajo es el amo y señor en un juego en el que es el capitán de una nave en la que los tripulantes que tienen que obedecer sus órdenes son sus compañeros de trabajo. Una idea buena que se queda en un mero divertimento lejos de la oscuridad y profundidad de otros capítulos de la serie. Y, aunque lanza mensajes muy importantes sobre el abuso de poder y el machismo, le pesa su tiempo de duración (de hora y cuarto), uno de los errores del paso a Netflix.

(3×02 Dirección: Dan Trachtenberg; Guion: Charlie Brooker)

Dentro de la tercera temporada se encuentra este capítulo en el que un joven estadounidense, en busca de nuevas experiencias en Londres y necesitado de dinero, acepta participar como conejillo de indias en un nuevo y revolucionario sistema de juegos virtuales que funciona a través de un implante en el cerebro. Lo que empieza como un juego inocente termina trasladándolo a una casa en la que se reproducirán sus peores temores. Una historia desasosegante que aprovecha el terror psicológico, con algún que otro susto incluido, pero que es poco memorable.

(5×01 Dirección: Owen Harris; Guion: Charlie Brooker)

Un episodio que plantea bastante repercusiones morales: experimentar físicamente lo que sienten los personajes que controlas en un videojuego. Lo que empieza siendo un juego de peleas termina convertido en una relación de otro cariz. La incomodidad de los protagonistas, sobre todo si eres gamer, se traslada al espectador, pero a veces parece una simple fantasía sexual de su guionista, cuya crítica a la tecnología queda desfigurada. El final es sobradamente convencional.

(5×02 Dirección: James Hawes; Guion: Charlie Brooker)

El punto de partida es interesante. Un taxista busca una venganza secreta contra una red social a la que culpa de haberle arruinado la vida. Es mucho más contenido y normal que otros, pero el episodio termina perdiendo fuerza y suspense en el tramo final. A su favor, un cautivador Andrew Scott. En contra, demonizar, una vez más, las redes sociales, trillado a estas alturas.

(2×02 Dirección: Carl Tibbetts; Guion: Charlie Brooker)

Una mujer despierta sin recordar quién es. No sabe dónde está ni por qué toda esa gente la graba con los móviles. No sabe por qué la persigue esa gente disfrazada. Lo que sí sabe es que tendrá que ir a White Bear, supuestamente un punto seguro. Al final, como suele pasar en los capítulos de Black Mirror, las cosas no son como parecían y un giro obliga a replantearse toda la historia. Un capítulo desasosegante de la segunda temporada de la serie, con un ritmo frenético, pero por debajo de la media.

(3×04 Dirección: Owen Harris; Guion: Charlie Brooker)

San Junípero es quizás el capítulo más feliz de la historia de Black Mirror, una historia de amor pura con unas gotas de ciencia-ficción, con la nostalgia y el envejecimiento en el punto de mira. Pero, aunque tenga sus seguidores (sobre todo gracias a esa carismática pareja formada por Mackenzie Davis y Gugu Mbatha-Raw) e incluso ganó un Emmy como Mejor película para televisión, sabe a poco para ser un episodio trascendente de la serie. Quizás simplemente tengamos el corazón congelado.

(Dirección: David Slade; Guion: Charlie Brooker)

Este capítulo se estrenó como un especial independiente, pero en realidad es un episodio más dentro de la antología. Bandersnatch rompe con la estructura al presentarse como un innovador experimento en el que era el espectador quien elegía su propia aventura, pero su historia acababa diluyéndose en todos los males de los que avisa Brooker en el resto de la serie. El juego tiene su gracia a ratos (si bien resulta frustrante que con muchas opciones no avance), y hay puntos de saltarse la cuarta pared especialmente divertidos, pero sin ello el capítulo no tiene más fondo como obra narrativa solvente.

(Especial de Navidad. Dirección: Carl Tibbetts; Guion: Charlie Brooker)

Tres historias en una para un capítulo de 90 minutos que contó con Jon Hamm como protagonista. Arranca con la historia de un hombre que recurre a la ayuda a distancia de un consejero amoroso para tratar de tener más éxito en sus conquistas. Continúa mostrando un mundo en el que las personas pueden tener un clon que hace las tareas que se le ordenan. Y termina adentrándose en el supuesto de que la opción de bloquear a otros, como en las redes sociales, pudiera trasladarse a las relaciones físicas. Ideas interesantes que, con la brevedad en que se plantean, no se llegan a desarrollar del todo pero que logran tener unidad e inquietar.

(3×01 Dirección: Joe Wright; Guion: Charlie Brooker, Mike Schur y Rashida Jones)

Nosedive es en apariencia un episodio muy futurista, con mucha tecnología envuelta, pero su mensaje no podría ser más actual. El capítulo —que rezuma cierto toque buen rollista de los guionistas Mike Schur (Parks and Recreation, The Good Place) y Rashida Jones— da verdadero terror, pero no porque haya sustos o monstruos, sino porque nos reconocemos en él. Es muy presente. El director Joe Wright da, además, cierto aire cinematográfico a una propuesta en la que la adorable Bryce Dallas Howard —que nos encanta odiar— se siente como pez en el agua. Quizás, aun así, sea demasiado largo.

(4×03 Dirección: John Hillcoat; Guion: Charlie Brooker)

Un secreto que no debe salir a la luz de ninguna forma es el punto de partida de una historia en la que una mujer va tomando decisiones terribles en cadena mientras que una trabajadora de una aseguradora investiga un accidente ahondando en los recuerdos de los testigos gracias a una tecnología futurista. Una bajada a los infiernos que contrasta con el frío helador de los parajes islandeses (de ahí su aspecto de drama criminal escandinavo) en los que se rodó este notable capítulo de la cuarta temporada.

(3×03 Dirección: James Watkins; Guion: Charlie Brooker y William Bridges)

Un juego macabro y un secreto oculto. Cállate y baila es posiblemente el capítulo más oscuro, y menos de ciencia-ficción, desde El himno nacional. Una historia agobiante de terror psicológico, un espeluznante viaje de carretera que nunca podría tener un buen final. Ver a Jerome Flynn en un papel tan diferente al Bronn de Juego de Tronos también suma a su favor.

(4×06 Dirección: Colm McCarthy; Guion: Charlie Brooker)

Una antología dentro de otra antología. Como el episodio de Navidad, Black Museum recopila una serie de historias cortas (una tomada de una idea que el mago Penn Jillette le contó a Brooker) que acaban en una conclusión macabra. No todas funcionan, pero son suficientemente interesantes como para llevar una narrativa diferente al ya típico episodio de Black Mirror, salpimentado además con todo tipo de detalles de la mitología de la marca Brooker, desde objetos icónicos a la música. Y Letitia Wright va camino a ser una estrella.

(4×02 Dirección: Jodie Foster; Guion: Charlie Brooker)

Jodie Foster dirige este episodio en el que una madre puede satisfacer su obsesión por el control y la protección de su hija gracias a un dispositivo implantado en la niña que permite su localización, protegerla de visiones que puedan resultarle perturbadoras e incluso ver lo que ella ve. El resultado es uno de los mejores episodios de la cuarta temporada, rodado como una película indie, que lleva al extremo la sobreprotección de los hijos.

(1×02 Dirección: Euros Lyn; Guion: Charlie Brooker y Konnie Huq)

En este mundo alternativo, el fin último de las personas es participar en un programa de televisión al estilo Factor X para intentar salir de la situación de esclavitud en la que viven su día a día, pedaleando todo el rato y viviendo a través de un avatar virtual. Este episodio de la primera temporada dispara contra varios flancos, como la telebasura o una sociedad alienada llevada al extremo que se puede extrapolar fácilmente a la realidad actual. Un mundo futuro pero muy presente.

(1×03 Dirección: Brian Welsh; Guion: Jesse Armstrong)

Un microchip en nuestra mente graba todos nuestros recuerdos para que los repitamos una y otra vez. Un concepto original y simple que se convierte en toda una pesadilla de infidelidades, celos y un matrimonio a punto de explotar. Como en los mejores episodios, el aparato acaba siendo solo una excusa para hablar de estos personajes imperfectos y rotos.

(4×04 Dirección: Timothy Van Patten; Guion: Charlie Brooker)

Muchos catalogaron esta alegoría de las citas por Tinder como el San Junípero de la cuarta temporada, por su optimismo y su romántico mensaje, pero para nosotros supera a su antecesor. Todo funciona. Nos sentimos identificados con su historia, funciona el carisma de su pareja protagonista (Joe Cole y Georgina Campbell) y hasta ese onírico y sorprendente final es satisfactorio. Brooker se ha convertido en el mejor escribiendo episodios no tan distópicos.

(1×01 Dirección: Otto Bathurst; Guion: Charlie Brooker)

Fue el capítulo con el que descubrimos Black Mirror, el ya mítico episodio en el que el primer ministro de Reino Unido tiene que tomar una decisión contra reloj: para que los secuestradores liberen a la princesa Susannah, tendrá que mantener relaciones sexuales con un cerdo mientras todo el país ve el acto por televisión. Las redes sociales y la presión mediática, instantánea y en tiempo real, hace que la situación se vaya rápidamente de las manos. Un capítulo impactante que golpea al espectador y que sentó las bases del tono y estilo de la serie.

(2×01 Dirección: Owen Harris; Guion: Charlie Brooker)

Ahora mismo vuelvo es uno de esos capítulos de Black Mirror que lo tiene todo: un mensaje sobre la tecnología, una historia de ciencia-ficción pura y también mucha alma y sentimiento. Sabe ver tanto lo optimista como lo pesimista en este futuro cercano. El amor perdido toma forma de androide con carisma en este episodio que, además, tiene a dos protagonistas tan solventes como Hayley Atwell (la Agente Carter del universo Marvel) y el omnipresente Domhall Gleesson, que pasó de ser un androide a enamorarse de otro en Ex-Machina. Imposible que no duela.

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