‘Batch cooking’ de julio: cocina una tarde y come toda la semana

La nueva normalidad se parece bastante a la antigua, aunque con mascarillas, distancia de seguridad, geles hidroalcohólicos a litros, taxis en los que el aire acondicionado no llega a la parte del pasajero, calorazo veraniego y exactamente los mismos problemas para coordinarse con las comidas entre semana. En el Comidista somos completamente conscientes de que tanto el teletrabajo como la vuelta al trabajo presencial -ambos casos agravados por una conciliación familiar especialmente complicada- piden un poco de ayuda en la organización, y esta técnica para cocinar una tarde y vivir de rentas el resto de la semana está exactamente para eso.

Todo lo que puede congelarse, descongelarse y quedar igual de bien es mejor para comerlo a final de semana, priorizando cosas como las papas aliñás -con las que nos tomaremos una pequeña licencia: en lugar de hervir las patatas las haremos al horno, espero que nos perdonen los gaditanos- o los calabacines asados para el principio de la semana. Si queremos tomar los filetes rusos o el salteado de garbanzos con sepia, podemos congelarlos sin problema (por eso es una buena idea duplicar las cantidades: tendremos otra ración para la semana siguiente). Las ensaladas es lo único que deberemos preparar en el último momento, pero teniendo las vinagretas y el resto de aderezos ya listos solo tendremos que cortar y mezclar, añadiendo la salsa justo antes de consumirlas.

El tomate es, sin ninguna duda, uno de los alimentos estrella de esta temporada, y en este menú le hacemos un homenaje tanto en ensalada como en sopa fría, previamente asado en el horno para potenciar su dulzura durante el proceso. Si quieres todavía más ideas porque en esta época necesitas tomarlo cada día -algo con lo que nos sentimos muy identificados-, puedes asegurarte el tiro teniendo siempre una vinagreta lista para alegrarlo. Prueba con una de ajo asado -una versión suave de esta amarilidácea, apta incluso para los estómagos más delicados-, alguna que incluya frutos secos como avellanas tostadas o hierbas aromáticas como la albahaca o la menta (suena raro, pero sabe delicioso). Las sopas frías con este fruto también son una buenísima idea: desde el clásico gazpacho o salmorejo pasando por esta que incluye el exótico garam masala entre sus ingredientes, nuestra versión de la sopa de dos tomates de Enigma o alguna que incluya otros alimentos de temporada, como las cerezas.

Seguimos sin incluir los desayunos, meriendas o picoteos en la organización semanal, ya que estos no necesariamente se cocinan. De nuevo recomendamos dejar algunos de los básicos —en cada casa son diferentes— preparados en una bandeja dentro de la nevera para no tener que pensar demasiado de buena mañana cuando aún se te está solidificando el cerebro. Yogur, leche o bebida vegetal con copos de avena para tomar fría o caliente, queso fresco, cerezas, nísperos, melocotones, paraguayos, ciruelas, nectarinas, sandía o melón, además de botecitos o bolsitas con frutos secos y chocolate con 70% de cacao, huevos cocidos -perfectos para improvisar un bocadillo con rodajas de tomate y/o pepino- o algún untable, que son de lo más agradecidos en estas situaciones.

Cenas

Comidas

Preparación

La noche anterior, dejar en la nevera la mezcla de anacardos con cuatro cucharadas de vinagre de manzana, 100 g de pan sin corteza, dos dientes de ajo sin el germen y 1,2 l de agua.

Al llegar de la compra, congelar los boquerones (si no lo vamos a consumir ese día o al siguiente, o si no los hemos comprado congelados). Descongelar el día antes de prepararlos, siempre en la nevera.

Encender el horno a 180 grados y repartir en dos bandejas 12 patatas medianas, tres pimientos rojos, tres berenjenas, cuatro cebollas y seis calabacines medianos, abiertos por la mitad a lo largo. En una bandeja más pequeña poner 12 tomates partidos por la mitad con dos dientes de ajo picados, sal, pimienta y un chorro generoso de aceite).

Mientras, triturar la mezcla para del ajoblanco en el vaso de una batidora potente, dejándolo un buen rato para conseguir una textura sedosa. Cuando la tenga, salar al gusto, ajustar de vinagre si es necesario e ir incorporando el aceite, a hilo fino y sin dejar de batir, para que emulsione bien. El ajoblanco de anacardos ya está listo, llevarlo a la nevera y servir con unos 50 g de melón en daditos o boleado.

Pasados unos 20 minutos, dar unas vueltas a los tomates y dar la vuelta a las hortalizas y patatas para que se hagan por todas partes (sobre todo si el horno no reparte bien el calor). Los tomates estarán listos en unos 35 minutos, las patatas, cebollas y calabacines pueden tardar alrededor de una hora y los pimientos y las berenjenas más o menos lo mismo, o un poco más, si son muy grandes. Como siempre, el tiempo concreto depende del tamaño de las verduras y la potencia real del horno, así que lo mejor es vigilarlo de vez en cuando mientras hacemos otras cosas.

Mientras, saltear los champiñones en una sartén con un chorro generoso de aceite, un pellizco de sal y dos dientes de ajo laminado (o más o menos, al gusto). Cuando estén listos, pasar a un vaso batidor o robot de cocina junto con las lentejas cocidas una cucharadita de cúrcuma el zumo de un limón, sal al gusto y pimienta. Triturar hasta conseguir la textura deseada: el untable de lentejas y champiñones con cúrcuma ya está listo.

Cortar dos pepinos, cuatro zanahorias y un pimiento en palitos. Estas crudités en un tarro o bolsa de silicona bien cerrada aguantarán bien tres días en la nevera: en ese momento habrá que repetir el proceso con el resto para acompañar el untable de cebolla y yogur con curry el resto de la semana.

Cuando los tomates están listos y se puedan manipular sin quemarse, pelarlos y quitar los pedúnculos (sin perder nada del jugo que hay en la bandeja). Llevar los tomates y su jugo con los 400 g de alubidas cocidas a ebullición, con 1,2 l de agua o caldo de verduras durante cinco minutos. Justo antes de apagar el fuego, añadir el puñado de hojas de albahaca y un chorrito de aceite. Triturar y ajustar de sal, pimienta y aceite: la sopa de tomate asado y alubias con albahaca está lista, en cuanto esté a temperatura ambiente podemos refrigerarla (se toma fría).

Cocinar ocho huevos a temperatura ambiente durante nueve minutos, y cortar la cocción con abundante agua fría. Cuando podamos pelar las patatas sin quemarnos, hacerlo, cortarlas en octavos y dividir en dos recipientes. Añadir a cada uno de ellos una cebolleta o cebolla dulce cortada en tiras, un chorro generoso de aceite, sal, pimienta, perejil picado y, si se quiere, un poco de vinagre. Añadir a la mitad las dos latas de bonito y guardar el resto tal cual: un rato antes de tomarlas -para que cojan el sabor del aliño- añadirles cuatro huevos duros pelados y cortados en cuartos. Las papas aliñás -con método de cocción poco ortodoxo- ya están listas.

Cocinar el cuscús según indicaciones del fabricante.

Cuando podamos manipular los pimientos, las berenjenas y las cebollas sin quemarnos, limpiarlos cortar en tiras. Mezclar los pimientos y las berenjenas con dos de las cebollas, y reservarlos para hacer las quesadillas con aguacate -que montaremos y calentaremos al momento- y la ensalada de cuscús (también con aguacate). Tendremos todos los elementos listos para montarlas al momento.

Saltear las dos cebollas restantes con las espinacas y, cuando tengamos todos los elementos listos, mezclar con la mitad del cuscús, al que añadiremos el huevo duro troceado y la salsa de frutos secos en el último momento.

Triturar 100 g de pistachos con el queso de cabra, la ralladura de un limón, su zumo al gusto y un puñado de hojas de albahaca: el pesto de queso de cabra y pistacho está listo.

Triturar 50 g de pistachos y 50 g de almendras con 12 cucharadas de aceite de oliva, vinagre de manzana al gusto, sal y pimienta: la salsa de frutos secos está lista.

Preparar los filetes rusos siguiendo estas indicaciones (16 unidades). Una vez listos, en unas cuatro cucharadas del aceite restante, dorar dos cebollas picadas. Cuando estén listas añadir 300 ml de vino blanco, caldo o agua -o una combinación-, media cucharadita de maizena disuelta previamente en el líquido y 50 g de almendras picadas, además de sal y pimienta al gusto. Llevar a ebullición a fuego suave tres minutos, añadir los filetes rusos y guisar todo junto durante cinco minutos más: los filetes rusos en salsa de almendras están listos.

Batir con un tenedor el queso fresco con de aceite, tomillo al gusto, sal y pimienta (si se quiere, añadir un poco de ralladura de cítrico). Ya tenemos listo el aderezo del calabacín asado, al que solo faltará un chorrito de aceite: si cuando vayamos a usarlo ha soltado líquido, colarlo antes de servirlo (por eso añadimos el aceite al final).

Cocinar 500 g de arroz integral en agua salada, siguiendo las instrucciones del fabricante. Colar, añadir un chorrito de aceite y remover. Serviremos la mitad con unos filetes rusos en salsa y el resto formará parte de la ensalada de arroz integral con albaricoques, tomate, rúcula y pesto de queso de cabra y pistacho, que solo tendremos que trocear, montar y aliñar en el último momento.

Saltear las dos sepias medianas a fuego alegre con un poco de aceite, añadir los garbanzos y salpimentar. Casi al final, rematar con una picada hecha con dos o tres dientes de ajo y un puñado de hojas de perejil: los garbanzos salteados con sepia y picada de ajo y perejil ya están listos.

El día que vayamos a comerlos, salar los boquerones, pasarlos por harina floja de repostería, sacudirlos bien para eliminar cualquier exceso freírlos en aceite bastante caliente , a 210 grados. Quedarán perfectos si los ponemos muy fríos y húmedos -un truco de Ana Ramírez, cocinera malagueña al frente del restaurante Los Espigones- en raciones pequeñas, para que no baje la temperatura del aceite. Cuando esté dorado, está listo: se saca, se escurre y a comer (el limón es opcional pero recomendable).

¿Quieres más ideas de ‘batchcooking’? Mira nuestras anteriores entregas.

Lee más: elpais.com


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