Ballet Nacional del Sodre, muestrario de una compañía

El público madrileño ya conocía al Ballet Nacional del Sodre de Uruguay, que nos había visitado en un par de ocasiones con su anterior director artístico, Julio Bocca. La novedad de la actual comparecencia estaba precisamente en ese puesto, que ocupa ahora un español: el bilbaíno Igor Yebra. Es la suya, confiesa, una labor continuista y de consolidación de una compañía muy joven, cuya media debe de rondar los 24 o 25 años (el Ballet tiene más de ochenta años de vida, pero estuvo varias décadas prácticamente abandonado).

El programa presentado en los teatros del Canal quiere ser un muestrario de las posibilidades de la compañía, con una coreografía tan emblemática como exigente: «Tema y variaciones» de Balanchine; otra de corte contemporáneo: «Chacona», del español Goyo Montero; y una de textura folclórica, aunque de lenguaje académico: «Tango», de Marina Sánchez, ex bailarina del conjunto. En esta última -una pieza dinámica y contagiosa, que reinvidica la uruguayidad del tango-, es donde más cómodos demostraron encontrarse los bailarines, que se mostraron algo titubeantes en Balanchine y poderosos en la hermosísima y llena de sensibilidad «Chacona», donde Montero juega maravillosamente con las luces y emplea con habilidad el canon y la polifonía.

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