Asunción vista desde arriba | Blog Del tirador a la ciudad

Desde 2012, la avenida Costanera, que recibe el tráfico que llega del aeropuerto y alcanza el centro de Asunción, bordea la bahía de la ciudad y circunvala tres de sus barrios al acercarse al casco histórico. Curiosamente, lo que a lo lejos anuncia ese centro de trazado colonial son dos contrastes: una torre ligera y roja, clavada en el paisaje, y una manta habitacional, un asentamiento de autoconstrucción conocido como La Chacarita.

El manto, casi a los pies de la torre, La Chacarita, es el barrio de autoconstrucción más emblemático de la ciudad. Uno de los vecindarios con más sabor –y problemas– de Asunción. Un lugar que la última Bienal de Arquitectura Iberoamericana tuvo la valentía de designar como escenario de la muestra para, así, dar a conocer cómo vive una gran parte de la población en Latinoamérica. Y en el mundo. Se pudo ver entonces que la escasez –y la necesidad urgente de mejorar alcantarillado y saneamientos– no está reñida con la calidad espacial, vecinal, la escala humana y el espacio público compartido. La cercanía al centro y la facilidad con la que la mayoría de habitantes se trasladan a su puesto de trabajo –caminando– es un indicativo de futuro. La necesidad de confiar en la autoconstrucción y el desamparo de la alegalidad son, por el contrario, cuestiones del pasado que deben ser resueltas sin recurrir a la solución drástica e inujsta del desalojo generalizado. De cómo el centro histórico de Asunción gestione su pobreza, su ingenio, su historia, su verdad y su densidad depende, en gran parte, su futuro. Más allá de la rentabilidad económica y la justicia social las ciudades tienen una historia que deben dejar aflorar para no dejar de ser.

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