Así se las ponían a Robespierre

Una tarde aburridísima estaba yo editando textos en un periódico cuando me llamó un redactor de deportes con una última hora sensacional: el vuelo de regreso del equipo de fútbol con el que viajaba, que había jugado un partido en alguna bella y gran ciudad de Europa, se había cancelado y no podrían volar hasta el día siguiente. “¡Estamos atrapados!”, me dijo con cabreo y angustia cuando notó que no me importaba demasiado su tragedia. ¿Atrapado tú?, le dije. Qué diablos, tú estás en París, Ámsterdam o Múnich, no recuerdo dónde, y te han regalado una noche estupenda en una ciudad maravillosa. Atrapado estoy yo, que llevo diez horas sentado en esta mesa corrigiendo tus textos, como la prota de The Assistant.

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