Asco

Insiste cansinamente la tribu política cada vez que le colocan un micrófono en su desvergonzada boquita que su mayor preocupación es la gente que está sufriendo. También recuerdan con desgarro a los muertos. Lo último resulta innecesario, ya que estos no votan, son prescindibles a la hora de mantener su poder y sus invulnerables sueldos. Pero su desprecio hacia los intereses de la plebe alcanza cotas salvajes cuando en medio del desastre general, esperando el demorado antídoto contra el monstruo, con el terror a perder su trabajo y sospechando que no van a encontrar jamás uno nuevo, rotos y desesperanzados, aquellos que aseguran dedicar su existencia al logro del bien común se dedican a planear nuevas elecciones, mociones de censura, apaños sórdidos comprando supuestos rivales, llevando el permanente teatro hasta límites execrables.

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