Aquí no hay quien pacte

El Gobierno se lamenta de los vetos cruzados entre partidos, entre la derecha y la izquierda, entre los partidos nacionales y nacionalistas, exhibidos ante los micrófonos no ya con resignación, sino con el galleo maximalista de los integristas ufanos. La Moncloa se situaría así au-dessus de la mêlée, como árbitro entre el trincherismo polarizado. Es una impostura con el sello Iván Redondo. Todo ese festín de vetos es cierto, pero la principal responsabilidad negociadora es siempre del Gobierno. Y Pedro Sánchez invita a negociar, pero no hay indicios de un trabajo serio para lograr objetivos. Resulta paradójico que se elogie la voluntad negociadora, el esfuerzo extenuante, la determinación para el acuerdo en la UE, pero no se practique en España. Nadie imagina aquí a Sánchez, como a ningún otro, sentándose cinco días intensos en un pulso negociador. El exministro Carlos Westendorp, que ejerció de primer mentor del presidente, cuenta que enseñó a Sánchez a negociar con culo de hierro. Pero lo de culo di ferro, apodo del contumaz Enrico Berlinguer, está muy lejos de lo que se ha visto y se ve en España. No hay margen para pasillos de aplausos.

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