Antonio Pulp贸n, 芦no hay nada, querido禄

Sac贸 a los flamencos de las cocinas de los se帽oritos para elevarlos a artistas de post铆n. Y los sac贸 para que mostraran la dignidad de su talento y de sus personas. Las cocinas, para los frigor铆ficos. Y los artistas en el sal贸n con los condes y marqueses. Sin miedo a que, al final del aquelarre de los duendes gitanos, faltara de la c贸moda de caoba alguna bandeja de plata para el domund de la necesidad. Si hubiera que buscar un santo patr贸n para aquel mundillo de gargantas rotas en las ventas y fatiguitas por sole谩 a final de mes, ese seria, por encima de lo que dijera la Roma cat贸lica, apost贸lica y gitana, el se帽or Antonio Pulp贸n. El primer gran representante de artistas de flamenco que puso en postura a cantaores, bailaoras y guitarristas. Un pura sangre que entendi贸 mejor que nadie lo que cantaban los Beatles sobre lo que necesitaba el mundo. Amor. Mucho amor. La cama para dormir. El amor para vivir. En alguna ocasi贸n le dijo al guitarrista y amigo Jos茅 Luis Postigo, que le hab铆a dedicado much铆simo tiempo a trabajar y mucho menos a amar. No obstante, como un patriarca b铆blico, dej贸 en el mundo la firma de su apellido con tres matrimonios, una dinast铆a fara贸nica de hijos y algunos cercos en la luna por los amores muertos.

Empez贸 con una bicicleta, despu茅s se lig贸 un biscuter, luego se compr贸 un mil quinientos y acab贸 con dos Dodge Dart de la 茅poca que hoy necesitar铆an las cocheras de Tussam para guardarlos. Lleg贸 a representar a m谩s de quinientos artistas. Postigo, que acompa帽贸 a la Fernanda y a la Bernarda, a Chocolate, a Jos茅 Merc茅, a Fosforito y al mism铆simo fantasma de Silverio Franconetti, recuerda que en meses de Feria, su oficina, situada en la cuarta planta de un edificio de la plaza del Duque, los artistas llegaban desde su despacho hasta la calle. Todos quer铆an su representaci贸n. Los miembros de Triana, en la casa madrile帽a de Javier Garc铆a Pelayo, caricaturizaban el poder absoluto del gran representante canti帽eando con el tono de 芦Todo es de color禄, 芦todo es de Pulp贸n禄. Y en realidad as铆 era.

La gran nariz que pon铆a espol贸n a su sereno rostro era un s铆mbolo. El de su olfato para encontrar cedro entre las ca帽as del r铆o del artistaje flamenco. En su despacho hab铆a un loro multicolor y antillano que recib铆a al que llegaba con un desalentador 芦no hay nada, querido禄. No cabe descartar la posibilidad de que el loro muriera de un baj铆o de maldiciones gitanas.

Trabajando

Pulp贸n era un stajanovista. Sus jornadas eran infinitas y estaba encima de los festivales donde trabajaban sus representados. Desde Algeciras a Estambul si hiciera falta porque all铆 cantaba Jos茅 de la Tomasa o Camar贸n. Al Tomasa, siendo poco m谩s que churumbel, lo mand贸 a cantar a un pueblo de C贸rdoba. Pero en el pueblo no hab铆a anunciado festival alguno. Y Tomasa tuvo que cantar en una t贸mbola. El hijo de Pies de Plomo se puso bravo como Primo Carnera. Y fue a cantarle su fandango al representante. Sin inmutarse, Pulp贸n le dijo: 芦Joselito, 驴t煤 eres acaso Fosforito? Eres muy joven, necesitas tablas y a partir de ahora ver谩s c贸mo subes禄. Y claro que subi贸. Hasta hacerse el canta贸 jondo. En otra ocasi贸n envi贸 a M谩laga a Manolo Soler, La Tani y al guitarrista Jos茅 Luis Postigo. Hab铆an pedido una pareja de baile. Pero no de flamenco. Sino de streeptease. Demasiados volantes para un espect谩culo que buscaba una maja desnuda. No col贸 la oferta de Pulp贸n.

Los artistas lo adoraban. Sus contratos eran transparentes, su comisi贸n del diez por ciento y cuando las fatiguitas de los ayuntamientos no pod铆an con el coste del festival, Pulp贸n colaboraba, enviando a uno de los suyos como d铆a del club, para regalarle despu茅s un paquete de festivales extras. En diez a帽os, Jose Luis Postigo pas贸 de las diez mil pesetas por festival a las doscientas mil. Y Camar贸n, antes de morir, cobraba dos millones y medio por cuarenta y cinco minutos de actuaci贸n. El Beni entraba en su despacho y lo camelaba dici茅ndole: 芦Antonio hoy te veo menos nariz禄. Y Pulp贸n le re铆a la gracia. Entre flamencos encontraba su mejor comp谩s vital. Ten铆a retranca de cuarto de cabales. Querido era su muletilla. Y con ella hizo la mejor faena que necesitaba el flamenco: su dignificaci贸n. La letrilla de Manolo Melado que la cant贸 Turronero lo dice mejor que yo: tiene mi ni帽a las manos/por los mimbres ara帽谩/ quien quiera comprar canastas/ que pague una millon谩鈥

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