«Antes el humor era más inocente; ahora somos más ácidos»

SERGIO GARCÍA

Tercio o mitad de «Martes y 13» y voz del genio de Aladdin, Josema Yuste también es el ingenio detrás de la nueva versión de la obra «Sé infiel y no mires con quién». Después de cosechar un gran éxito en los setenta y en los ochenta con 14 temporadas en cartel, la representación llega ahora Valladolid dirigida y protagonizada por el madrileño al lugar donde él dice sentirse más cómodo actualmente, el teatro.

-Está implícita en el título de la obra, pero qué papel juega la infidelidad en esta obra

La obra es una comedia clásica de enredo que tuvo un gran éxito en los setenta y los ochenta con actores como Pedro Osinaga o José Sacristán. Estuvo unos 14 años en cartel, lo que demuestra que está maginificamente escrita y es divertidísima. Es de esas comedias intrascendentes en las que la gente va al teatro a divertirse y a pasarlo bien, que ya es bastante desde mi punto de vista. Lo original es que aunque habla de diferentes infidelidades, nunca se llegan a consumar. Hay tanto lío y trabas en la historia que aunque haya nueve personajes en la historia implicados en estas infidelidades, nunca llega a consumarse.

-Esta es, después de «Taxi», la segunda obra de teatro que dirije, ¿ha encontrado alguna dificultad en esta ocasión?

Primero ha habido que actualizarla y he tenido que escribir muchísimos nuevos chistes más pegados al presente y al tipo de humor que hoy se lleva en el teatro. No obstante, siendo sincero no ha sido fácil, es la obra que más me ha costado dirigir porque estás a cargo de nueve personajes, cada uno con su forma de ser y de ver las cosas. Los he reescrito tratando que todos sean muy diferentes entre sí, que no sean siquiera parecidos. Ha sido duro: siete semanas de ensayos, dos meses previos de preparación y de escribir la obra. En fin, a veces es más difícil hacer una casa por dentro que tirarla entera y empezarla a hacer y este ha sido el caso porque he mantenido la estructura pero he rehecho la casa por dentro en todos los sentidos. Dicho esto, a mi me ha parecido emocionante, fantástico y estoy muy orgulloso. Me lo he pasado bien pero trabajando duro.

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-Además de dirigir, también actúa en la obra, ¿le da esto más libertad en el desarrollo de la representación o carga más la labor?

Por un parte es más libre porque hago lo que quiero pero también exige mucho trabajo. Yo le digo a mis compañeros de la obra que dirijo y que tengo la última palabra pero que por favor me propongan ideas y cosas, estoy abierto a todo. El trabajo en equipo es importante, es necesario. Es bueno que todo el mundo apoye pero también es bueno que haya una persona que al final tome la decisión, el director. Lo cómodo sería decir, yo mando y todo el mundo callado, pero no soy así, hay que escuchar a los actores porque cada uno te puede ofrecer algo importante u original de cara a su personaje.

-¿Entonces considera que dirigir es más duro?

Sí, y ya si lo complementas con actuar es mucho más complicado. Pero es muy bonito y apasionante.

-Lo pinta muy exigente, supongo que no habrá pensado en dedicarse solo a dirigir en el futuro

La verdad, no lo tengo descartado en absoluto. Es más, me gustaría dejar el escenario no dentro de mucho y dedicarme solo a la dirección.

-Como ha comentado previamente, «Sé infiel y no mires con quién» fue un éxito en los setenta como obra de teatro, década en la que empezó también a triunfar con «Martes y 13», ¿cómo ha cambiado la forma de hacer humor desde entonces?

Ha cambiado y ha evolucionado, antes eramos más ingenuos y más blancos en el sentido de más inocentes. Ahora los humoristas somos más perspicaces, más ácidos y corrosivos, que no sé si será peor o mejor. A mi me sigue gustando el humor absurdo, el humor surealista y blanco, pero con un toquecito de pimienta negra.

-Tirando a pícaro entonces

Sí, pero tampoco cien por cien ácido, digamos por ejemplo un humor como el de los Hermanos Marx, más sutil.

«Se infiel y no mires con quién», con Josema Yuste y Teté Delgado, los días 11 y 12 en el Teatro Zorrilla de Valladolid

-¿Actualmente se siente más cómodo en el teatro que en la televisión?

Sinceramente sí, porque es un oficio mucho más artesanal y menos ligado a ninguna concesión de nada. Somos más libres, no vivimos de subvenciones ni nada que nos mediatice, vivimos del público y nada más. El teatro es artesanía, algo que tu haces desde el principio, que construyes, que matizas, perfilas, coloreas y un largo etcétera. No interviene ni el dinero exterior ni las inversiones de la publicidad ni nadie, lo que nos permite vivir más relajados, más tranquilos. Pero no por eso es más fácil. Hay que tener en cuenta que el teatro es un solo plano general durante dos horas en el que tienes que contar una historia. En el cine o televisión tienes miles de planos para hacerlo pero aquí no, el trabajo es muy delicado.

-Dice que se siente más cómodo en el teatro, pero ¿dónde es más fácil hacer reír al espectador?

Entretener puede que sea más complicado en el teatro pero hacer reír no, porque el público te está viendo sudar o reírte, por lo que la conexión con el público es más cercana. Pasa ahí y ahora y solo para ti como espectador. La gente enseguida se engancha a algo que le hace reír, otra cosa es que se meta en la historia, ahí el cine tiene a su favor un montón de apoyos como imágenes y música. Si haces como hago yo, comedia teatral, te das cuenta de que se llega mucho mejor a la risa en directo.

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