«Antes de morir a Diana le sucedió algo espantoso, su postura era antinatural»

Santiago Guardar

El pozo en el que Diana Quer permaneció sumergida cerca de quinientos días centró la cuarta jornada del juicio por su muerte, la más dura de las vividas hasta el momento. De la mano de los buceadores que recuperaron a la joven del estrecho agujero al que José Enrique Abuín la lanzó, los jurados visionaron unas impactantes imágenes que dejaron constancia de la posición en la que el cuerpo de Diana fue localizado. Estaba en el fondo del pozo, a unos 10 metros de profundidad, flotando boca abajo y con dos bloques de hormigón de 18 kilos empujándola hacia el fondo. Lo más llamativo del hallazgo —una instantánea «difícil de olvidar» según manifestó uno de los GEAS citado— fue la «anómala postura» en la que estaba el cadáver. «Antes de morir le sucedió algo espantoso», reveló en base a su experiencia el coordinador de los buzos de Salvamento Marítimo de La Coruña que explicó que la víctima presentaba las piernas muy abiertas y el cuerpo extendido y arqueado hacia atrás.

A preguntas de las partes sobre lo inusual de la postura, los expertos coincidieron en que los ahogados y cuerpos sumergidos en espacios pequeños presentan normalmente las piernas estiradas y habitualmente juntas. Nada que ver con la imagen que ayer se visionó. «Es absolutamente antinatural», sentenció uno de los buzos para aclarar el porqué de este hecho. Atendiendo a sus conocimientos, únicamente se da esta circunstancia cuando la persona, antes de perecer, sufre «una situación de pánico y estrés muy grande».

Llanto entre el jurado

Esta situación de terror, pánico o dolor cercana a la muerte produce un incremento de adrenalina «tan grande» que «bloquea» el cuerpo y deja las extremidades en una posición abierta y tensa. Es la misma rigidez anómala que los presentes ayer en la sala pudieron comprobar en Diana entre gestos de sufrimiento y que provocó el llanto entre algunos de los integrantes del jurado popular. Otros apartaron la mirada de los monitores donde se proyectó el vídeo de la recuperación del cuerpo, mientras la hermana de la víctima abandonaba la sala visiblemente afectada y el Chicle, muy tranquilo hasta ese momento, optaba por cerrar los ojos para evadirse. No tan dramático, aunque sí muy angustioso, fue el visionado del simulacro de hundimiento del cuerpo que corrió a cargo de una buceadora profesional similar a Diana en cuanto a talla, peso y complexión. Esta recreación demostró la rapidez con la que un cuerpo de esas características, cargado con dos bloques, se hunde en el agua. «Lo recuerdo con horror», manifestó la profesional.

La huella del caso

Las secuelas que el caso Quer dejó en todos los que de un modo u otro participaron de él son especialmente evidentes y palpables en los encargados de sacar a flote el cadáver de Diana, «saponificado» por el tiempo que permaneció sumergido. «Nunca había visto algo así», lamentó ayer uno de ellos, que confirmó con dolor que el cuerpo fue localizado entero, pero que al llevarlo a la superficie se desmembró, por lo que tuvo que volver a sumergirse. Los detalles de cada uno de los movimientos realizados en el interior de ese pozo helaron a los presentes en la sala de vistas, incapaces de distanciarse del relato que los agentes de la Guardia Civil fueron tejiendo con la máxima de las cautelas y el respeto.

La segunda y última semana de juicio arrancará el lunes con nuevas declaraciones de efectivos participantes en el caso. Será el martes cuando se de inicio a la prueba pericial, determinante a la hora de demostrar que Diana fue violada antes de morir, como mantienen tanto la acusación particular como la Fiscalía.

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