“Anímate, no estés triste”: qué es la salud mental y por qué no es sinónimo de estar siempre alegre

–Me han diagnosticado depresión.
–Pues anímate, no estés triste.

Esta respuesta es un cliché relacionado con la depresión que se repite en multitud de ocasiones. Tantas, que se ha acabado convirtiendo en un recurso humorístico en Internet.

A pesar de lo mucho que se repiten frases similares a estas, la felicidad y la alegría no son sinónimos de una buena salud mental, aunque estén relacionados, ni por el contrario la tristeza o la pena están necesariamente vinculadas a un problema psicológico. “Son estados de ánimo, y como tal, son transitorios”, explica a Verne por teléfono Celso Arango, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría. “No debemos psiquiatrizar ni medicalizar la vida cotidiana, y del mismo modo que sabemos que, por ejemplo, el dolor de un pequeño golpe es una respuesta fisiológica normal y transitoria, y que no por ello debemos ir al médico, lo mismo ocurre con las emociones, tanto la alegría como la tristeza”.

Aunque ser feliz no sea sinónimo de tener una buena salud mental, sí existe una relación. “Para poder contar con salud mental, es importante que la persona tenga momentos de felicidad tanto relativa a experimentar sensaciones placenteras, como a la consecución de las propias metas y logros propios de la autorrealización”, cuenta a Verne Sara González, investigadora de la Universidad Complutense de Madrid y trabajadora del Centro de Rehabilitación Psicosocial Martínez Campos. “Ahora bien, la salud mental no solo implica esto, sino también contar con capacidades y estrategias para poder hacer frente a las dificultades que puedan ir aconteciendo en la vida de las personas”.

Entonces, ¿en qué consiste una buena salud mental?

Este mismo año, el Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología ha publicado una investigación –en la que ha participado Celso Arango– titulada What is good mental health? A scoping review (¿Qué es una buena salud mental? Una revisión sistemática). Según este estudio, una buena salud mental se puede definir como “un estado de bienestar que permite a las personas afrontar las tensiones normales de la vida y funcionar de forma productiva”. Algunos de los factores determinantes para conseguir ese estado de bienestar, según el estudio, son:

-Los conocimientos de la propia persona sobre salud mental y los recursos sobre esta a los que puede acceder

-La autopercepción

-El rendimiento académico y el desempeño laboral

-La gestión emocional

-Las estrategias de autogestión psicológica (como la resiliencia, la capacidad para adaptarse a situaciones adversas)

-Las habilidades sociales

-Los lazos familiares

-La salud física

-La salud sexual

-La calidad de vida

Además de estos factores, Sara González añade contar con una red de apoyo y “tener roles significativos y valiosos para uno mismo, que nos permitan contribuir a nuestra comunidad: aficionado al yoga, trabajador o pensionista, amante del cine o del teatro, voluntario en una asociación, alumno, maestro… Cada cual los suyos”.

La felicidad a tiempo completo como espejismo

Actualmente, se pueden encontrar en Internet artículos sobre “alimentos felices”, o poner la televisión y ver anuncios que aluden directamente a nuestra felicidad o ir a una librería y encontrar libros con instrucciones para ser feliz. “La comercialización de la felicidad es muy triste”, considera el psiquiatra Celso Arango. ”Puede volverse en contra de uno mismo cuando la idealizamos, o cuando recibimos el mensaje erróneo de que hay que ser feliz todo el rato, que no serlo en un momento puntual puede ser raro o preocupante”. Arango recuerda que no existe producto, rutina o fármaco que nos haga alcanzar la felicidad de forma instantánea. Ni siquiera antidepresivos como la fluoxetina, conocida como “la pastilla de la felicidad”.

Entre las personas que han tenido algún problema de salud mental, existe una experiencia compartida por muchos de que su salud es juzgada por su felicidad, que “animarse” o “alegrarse” son herramientas para arreglar sus problemas o incluso al contrario, que estos no serán tan graves si se les ve felices o animados.

Sara González recuerda a Verne que la ausencia de salud mental no siempre se manifiesta como una alteración emocional. “También puede manifestarse a nivel cognitivo y comportamental, donde se pueden ver afectados algunos procesos psicológicos básicos como sería la propia emoción, pero también la motivación, la conducta, la cognición, la conciencia, el aprendizaje, el lenguaje, la percepción…”, explica.

Tanto González como Arango coinciden en que las emociones adversas, como pueden ser el miedo o la tristeza, no solo son completamente normales, sino necesarias. “No cuenta con más salud mental aquel que no conecta con la tristeza, o con el enfado, sino el que conecta con ellas y pueda manejarlas”, explica González. “Es un falso mito que la salud mental implica solo sentir alegría”. La psicóloga pone como ejemplo la importancia de la tristeza para superar el duelo tras una pérdida o del miedo cuando nos enfrentamos a un peligro: “Ante una amenaza a nuestra integridad física o psicológica, el miedo nos ayuda a protegernos. Si se sabe regular y manejar, el miedo salva vidas”, explica.

Si en ocasiones se intenta juzgar o invalidar a las personas con problemas de salud mental por las emociones que manifiestan (con comentarios como el conocido “tan mal no estarás si has salido de fiesta”, por ejemplo) es, según González, por el estigma alrededor de la salud mental. Es decir, el conjunto de creencias estereotipadas y negativas vinculadas a los trastornos mentales. “Estas creencias estigmatizantes, de que ‘si alguien ríe, tan mal no estará’, son muy injustas, porque en muchísimas ocasiones limitan una de las herramientas que más eficaces se han demostrado para vencer las dificultades de salud mental, el humor, el optimismo, y claro que sí, la risa”, explica.

Lee más: elpais.com


Comparte con sus amigos!