Angelica Kauffmann, una pintora aplaudida en un mundo de hombres | Babelia

La Royal Academy of Arts de Londres anunció esta semana la cancelación de la esperada exposición dedicada a Angelica Kauffmann (1741–1807), una de las primeras grandes maestras de la historia de la pintura occidental. La muestra se había inaugurado en el Kunstpalast de Düsseldorf, a finales de enero, pero tuvo que cerrarse antes de tiempo por la crisis sanitaria. De ahí marcharía a Londres para ser inaugurada el 28 de junio, pero no será posible. El año 2020, anunciado como el año en el que los museos europeos iban a alterar sus programaciones masculinas para abrir hueco a las mujeres artistas ha sido cancelado. Por ahora la institución británica mantiene los planes intactos con Tracey Emin / Edvard Munch, que debería abrir el 15 de noviembre.

La exposición de Kauffmann incluía 100 pinturas, dibujos y esculturas que nunca antes se habían mostrado en público, para mostrar cómo fue aquella época en la que “todo el mundo se había vuelto loco por Angélica”. Para J. G. Herder, la pintora neoclásica fue “la mujer más cultivada en Europa” y la más aplaudida. Recibió formación artística de su padre, el muralista Johann Joseph Kauffmann, con quien trabajó como asistente. Tras pasar tres años en Italia y ser elegida como miembro de la Academia de San Luca de Roma, en 1765, fue en Londres donde llegó, tras su viaje en 1766, a la fama como pintora de historia y retratista (sobre todo, retratos femeninos). Durante 16 años que estuvo en la capital inglesa expuso regularmente en la Royal Academy. De hecho, fue una de los 22 miembros fundadores en 1768 de la Royal Academy de Joshua Reynolds, y aunque trabajó para la aristocracia y atendió encargos reales, la cumbre de su carrera son las cuatro pinturas para decorar el techo de la casa de Somerset, que le pide la Royal Academy. Su marchante era su marido, el pintor Antonio Zucchi. Posteriormente abriría uno de los estudios más solicitados en Roma. Su funeral fue dirigido por el escultor Antonio Canova, basado en el del maestro renacentista Rafael. Kauffmann disfrutó de una carrera —con más de 1.500 pinturas— sin precedentes y excepcional entre las mujeres.

La artista, nacida en Suiza pero educada en Austria, pudo sobrevivir al mundo dominado por los hombres, pero la historia del arte ignoró sus logros y el reconocimiento póstumo se desvaneció. Por eso era tan importante la retrospectiva programada en la Royal Academy, porque fue allí donde tuvo que defenderse de uno de los capítulos más desagradables que trataron de acabar con su talento: en 1775, un pintor llamado Nathaniel Hone presentó a una exposición de la institución un cuadro en el que se representaba en la esquina superior izquierda a Kauffmann desnuda, divirtiéndose con otros artistas desnudos, entre ellos su amigo Joshua Reynolds. El intento de humillación fue atajado por la pintora con una carta a la junta directiva de la Royal Academy —compuesta por hombres— en la que exigió que la pintura de Hone —que se conserva en la TATE Britain— se eliminara de la muestra o que retiraran sus propias pinturas de la misma. Kauffmann ganó la batalla con un argumento implacable: si los académicos hubieran tenido esa dignidad que les hace ser superiores a la maldad del pintor, “habrían tenido en cuenta su respeto al sexo” de la artista.

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