Alarma por las nuevas burbujas del mercado | Mercados

Kwon Joon es un chaval coreano de 12 años que aspira a convertirse en el nuevo Warren Buffett (el mítico inversor estadounidense). Esta semana ha saltado a la fama porque le han hecho varios reportajes contando que ha logrado una rentabilidad del 43% con los 25 millones de wones (unos 20.000 euros) que había ahorrado vendiendo sus juguetes. Lleva solo un año invirtiendo en acciones y ya no quiere ir a la universidad.

Su caso, aunque extremo, es sintomático. El 70% de las 214.800 cuentas de corretaje de valores en Kiwoom Securities, un bróker surcoreano para minoristas, se crearon en enero de 2020. La mayoría por jóvenes y adolescentes que invierten en la Bolsa local principalmente.

El furor de una nueva generación de jóvenes por invertir en Bolsa se extiende por muchos países. En Estados Unidos, las restricciones sociales provocadas por la pandemia y las aplicaciones de inversión gratuita, como Robinhood, han embarcado a una legión de veinteañeros en la inversión intradía. Con este formato, las posiciones se abren y se cierran en la misma jornada. Pura especulación. El 75% de estos day traders está entre los 18 y 35 años.

En paralelo, han surgido grupos de inversión en la red social Reddit, que han logrado desafiar al establishment con su apuesta por la cadena de tiendas de videojuegos GameStop. Varios poderosos hedge funds habían apostado por la quiebra de la misma, pero este ejército de foreros compró sin freno acciones de GameStop y lograron que su precio volara desde los 16 dólares de inicios de 2020 a más de 400 dólares. Esto provocó pérdidas en los inversores institucionales por más de mil millones de dólares. Muchos de estos inversores no compran directamente acciones, sino opciones sobre acciones, que les permiten apalancar la apuesta, a costa de multiplicar los riesgos. Y el 44% de ellos llevaba menos de un año operando en Bolsa.

En España, una nueva generación de inversores ha llegado a los mercados al calor del subidón bursátil del último semestre, y alentados por supuestos expertos que ofrecen sus consejos de inversión en Instagram, previo pago de una cuota de suscripción. A menudo, alquilan casas o coches ostentosos para hacer alarde de su modo de vida, como si ese patrimonio lo hubieran conseguido invirtiendo, y no captando incautos.

Anatomía de las burbujas

El economista Fernando Trías de Bes escribió en 2008 el libro El Hombre que Cambió su Casa por un Tulipán donde disecciona las burbujas financieras más importantes de la historia, desde la fiebre de los tulipanes en siglo XVII a la inmobiliaria de España de principios de los 2000, pasando por el crac del 29. En el epílogo del libro, el autor se pregunta cómo será la próxima burbuja: “ocurrirá en lugar próspero, donde el ahorro sea abundante, tras una época de crecimiento y los medios de comunicación hablarán de una nueva era […] Entonces, de repente, algún activo aumentará de precio. Algún agente económico empezará a prestar dinero abundante a un tipo de interés bajo. La gente se endeudará para comprar esos activos, cuyo precio subirá como la espuma […] Habrá complejidad. Muchos no entenderán nada. Los precios subirán a niveles estratosféricos.”

Algunos de esos elementos ya están aquí en ciertos mercados. El principal, el dinero barato. Los bancos centrales de EE UU, Japón y Europa llevan años inyectando liquidez y manteniendo bajísimos los tipos de interés para reactivar las economías. Esta política monetaria, que parecía estar de salida, se ha exacerbado como respuesta a la crisis económica provocada por el coronavirus.

El dinero barato tiene dos efectos sobre los inversores. El primero, anima a asumir más riesgos. Comprar deuda pública ya no da nada de rentabilidad, así que los inversores más conservadores han ido adquiriendo deuda corporativa, luego bonos de alto riesgo (emitidos por compañías que no tienen la máxima calificación crediticia), luego acciones de compañías grandes y estables… para acabar invirtiendo en el Nasdaq (la Bolsa tecnológica de Estados Unidos) o en mercados emergentes. Además, el dinero barato permite que los inversores compren acciones u otros activos a crédito, lo que amplifica el riesgo y la volatilidad.

Las dudas de Bank of America

¿Un ejemplo de este movimiento? El viernes Bank of America lanzó su boletín semanal sobre flujos en fondos de inversión. Pues bien, explica que en la primera semana de febrero se batió el récord de entrada de dinero en fondos de Bolsa (más de 50.000 millones de dólares). También ha habido récord de inversión en fondos de tecnología (casi 5.000 millones). Por otra parte, los bonos de alto riesgo han bajado su rendimiento por debajo del 4%, lo que no había ocurrido nunca antes.

Esta misma firma hacía esta semana un repaso de varios factores que indican que hay una euforia excesiva en los mercados. El primero, la mencionada la revuelta de los foreros con las acciones de Gamestop, a lo que llama “la última fase del rally pospandemia”. El segundo es el boom de las salidas a Bolsa en Estados Unidos de los Spacs, vehículos que captan dinero para financiar adquisiciones. Los inversores dan un cheque en blanco a los gestores para que compren lo que consideren. El tercero es el ascenso de bitcóin y otras criptomonedas, que ya superan un billón de dólares de valor, y que puede llevar a un endurecimiento regulatorio.

La fiebre por las monedas virtuales ha llevado a que el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) advirtieran esta semana a los pequeños ahorradores de que las criptomonedas son una alternativa de inversión de alto riesgo por su extrema volatilidad, complejidad y falta de transparencia. Ambas entidades subrayaban que son activos que “no tienen la consideración de medio de pago; no cuentan con el respaldo de un banco central u otra autoridad pública y no están cubiertos por mecanismos de protección al cliente”.

El bitcóin, la criptodivisa más popular, se está extendiendo por todo el mundo como la pólvora. Cada vez se usa más para transferir remesas de migrantes de Venezuela, Argentina, Nigeria o Senegal a sus países de origen. Un salto cualitativo se ha producido esta semana cuando el fabricante de coches eléctricos Tesla anunció que va a invertir 1.500 millones de dólares de su tesorería (unos 1.250 millones de euros) en bitcóins. Esta divisa está en máximos históricos, rozando los 49.000 dólares por unidad, a pesar de que la mayoría de inversores no tiene mucha idea de cómo funciona la tecnología subyacente: el blockchain, cadenas de bloques de información de verificación múltiple.

Hay que recordar que, aunque el bitcóin es la criptomoneda más popular, junto con Ethereum, hay más de 7.000 de estas nuevas divisas electrónicas. Uno de los casos más llamativos es el de Dogecoin, un activo que adoptó el nombre de un meme (un chiste de Internet) sobre un perro. Todo empezó como una broma, hasta que Elon Musk, el dueño y fundador de Tesla, empezó también a bromear sobre la inversión en este activo, y su valor se disparó un 300% en tan solo unas horas. El conjunto de los Dogecoins vale más que la firma de remesas Western Union.

Bolsas en máximos, dinero llegando a espuertas, multinacionales invirtiendo en criptomonedas… y todo ello, con una economía mundial que intenta salir a duras penas de la grave crisis económica en que la hundió la pandemia y las restricciones para combatirla. Hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido del peligro de que los mercados financieros evolucionen de espaldas a la economía real.

También el premio Nobel de Economía de 2013, Robert Shiller, se ha mostrado preocupado por la situación actual y considera que se están produciendo tres burbujas simultaneas: en las acciones, en los bonos a largo plazo y en los precios de la vivienda de Estados Unidos.

Habrá que ver si estas premoniciones se acaban concretando. En 2016 ya había mensajes similares y las valoraciones están hoy muy por encima. Mientras tanto, Kwon Joon, el chaval coreano, seguirá invirtiendo para parecerse a su ídolo Warren Buffett.

Lee más: elpais.com


Comparte con sus amigos!