Abrir la granada

La circularidad viciosa de esa problemática que es el despiadado e hipócrita rol del Estado como conmutador de valores sociales explica algunas reacciones a la muestra del Prado Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931). Hace unas semanas, saltó la noticia de que una obra presentada “de manera preferente y simbólica” en la exposición no había sido pintada por una mujer, Concepción Mejía de Salvador, sino por un hombre de apellido igualmente inexorable, Adolfo Sánchez Megías. El aplastante machismo (“no te conoce el lomo de la piedra”, escribió Lorca en su llanto al torero) circundó enseguida a los medios de comunicación, y algunas feministas denunciaron que la muestra no planteaba “la resignificación y actualización de la calidad de las artistas”, limitándose a “la mera restauración de las obras”. Invitadas volvió a la cueva, pero ya sabemos que la cueva es un espacio femenino y pertenece a la Sibila.

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